La organización
Las cofradías son una organización que formó la Iglesia Católica durante la Colonia, para mantener el control social, económico y político de las comunidades indígenas, que en ese entonces estaban esclavizadas. “Pero desde el lado indígena fueron el elemento de preservación de su cultura; siempre ligadas con la cosmovisión”, indica el investigador Guillermo Paz Cárcamo.
El ritual inicia al mediodía cuando los cofrades —integrantes de la cofradía—, inician con una oración en la iglesia de la localidad, para luego salir hacia la casa de su nuevo dirigente.
“Cuando cada cofrade termina sus reverencias, en fila se encaminan, de manera que el movimiento reverencial del conjunto se va desenvolviendo, simulando el desenroscamiento de una serpiente, de Kukulkán”, agrega Paz.
El camino
El recorrido se hace a pie, entre el sonido de tambores, chirimías y la solemne fila de fiscales que serán testigos del cambio.
Ya en la casa del nuevo fiscal inicia un acto en el cual a él lo presentan y lo sientan en un banco ceremonial puesto sobre un petate de tul, que representa el entramado universal.
La ceremonia
La investidura se hace entre oraciones, pom, incienso y peticiones. La familia del nuevo fiscal también forma parte de esta ceremonia. Este ritual es dirigido por un hombre mayor, al que llaman Chimital, que significa en kaqchikel “el que dirige”. Él se encarga de cubrir con humo de pom al nuevo dirigente y hacer el rezado, como una ceremonia de purificación.
La labor de este es importante debido a que será la cabeza de la cofradía municipal, y será quien coordine, dirija y solucione problemas relacionados con la iglesia. Esto se le explica a quien con reverencia y humildad acepta el puesto que le es concedido. Al finalizar, los cofrades, como muestra de respeto, le hacen reverencia y le besan la mano en señal de solemnidad a la autoridad, puesto que dura un año.