No menos de cinco mil personas desfilan diariamente frente a la urna de la venerada imagen del Cristo de Esquipulas, señala Antonio Gregorio, guardia de la basílica, quien destaca que desde el jueves último el templo permanece abierto las 24 horas, debido a la afluencia de fieles.
En las calles aledañas, el paso de vehículos es casi imposible, y en los hoteles es común ver a personas durmiendo en los corredores, al no encontrar habitación disponible, cuyos precios en muchos casos se dispararon.
Los jardines y el atrio de la basílica parecen un campamento de refugiados, con decenas de improvisados refugios de plástico, mientras familias completas se protegen del frío nocturno en los quicios y el interior de la iglesia.
Adentro de la basílica, el olor a cera quemada e incienso es penetrante, y millares de candelas y veladoras producen una iluminación amarillenta en las bóvedas, lo cual hace destacar aún más las expresiones de los creyentes.
Penitentes
Gran cantidad de feligreses soporta con resignación, no sólo dormir en el suelo sino pasar más dos horas haciendo fila para entrar al altar mayor. Al final, la satisfacción se ve en sus rostros.
Gerardo Tobar es parte de un grupo de 14 jóvenes procedentes de la capital, que el sábado último inició su penitencia con una caminata desde la ciudad de Chiquimula hasta Esquipulas. Por la noche, siete de ellos recorrieron los últimos 500 metros de rodillas sobre el empedrado de la calle y el atrio, antes de ingresar al templo.
Ante la dramática escena, otros feligreses arrojan a su paso chumpas y mantas, para aliviar el dolor.
“Venimos a pedir por la salud de un ser querido o por la solución de un problema difícil”, comentó Tobar, quien explicó que no son milagros grandes pero sí importantes para ellos, como la vez en que su madre tenía grandes aflicciones que cesaron de repente.
[15n15ene01.jpg,>,Cofradías de diferentes partes del país también llegaron a expresar su fe y rendir tributo al Señor de Esquipulas.]
Magdalena Chojón viuda de Pérez hizo el viaje desde Quetzaltenango, porque no olvida cuando sufría de hemorragias y no se curaba. Hizo una visita a Esquipulas, y de regreso a casa ya estaba curada.
Muchos feligreses simplemente van a Esquipulas a bendecir sus vehículos o algún recuerdo religioso, como réplicas del Cristo Negro que llevarán a casa, o simplemente a pedir salud y bienestar.
Sin violencia
Aunque Esquipulas no es área de delincuencia, la Policía Nacional Civil montó un plan de protección que consiste en patrullajes.
“Hemos identificado a sospechosos provenientes de países vecinos, pero al ver la presencia policial, no hacen nada”, comentó Elfidio Antón Pineda, jefe de la subestación policiaca.
Los casos de violencia son inusuales, explicó Lino Guerra, jefe de la estación de los Bomberos Voluntarios. No obstante, hace dos días, Catalina Mejía, 74, de El Salvador, sufrió una fractura en el brazo derecho al ser asaltada en una calle del lugar.
Guerra enfatizó en que los casos más comunes son de niños perdidos, unos tres por día.
Para hoy se espera un desborde mayor de visitantes y fieles, quienes acuden en busca de alivio a sus aflicciones y penas materiales.
Imagen milagrosa
-Se atribuye a Quirio Cataño haber esculpido la imagen del Cristo Negro, en 1578. Para ello, la población de la villa de Esquipulas aportó cien tostones.
-El poder curativo de la imagen fue reconocido oficialmente en 1737, cuando el obispo fray Pedro Pardo de Figueroa fue curado de una enfermedad contagiosa.
-A Esquipulas llegan romeristas de todas partes de Centroamérica y sur de México, atraídos por la fama de curaciones milagrosas.
-Leyendas. Se dice que una pareja de amantes, que eran compadres, llegó a visitar al Cristo Negro, pero por adulterio fueron convertidos en dos enormes piedras, las cuales aún permanecen en el “camino viejo”.
-El 15 de enero a las tres de la mañana le llevan serenata. Luego, se celebran varias misas, y al mediodía la misa solemne, presidida por monseñor Rodolfo Quezada Toruño, con un coro de niños que canta el himno Bella Imagen, mientras la comunidad benedictina, encargada de la basílica, hace un acto de veneración.