Este difiere de acuerdo a la personalidad de cada individuo. Para algunos, una causa puede ser antes de hablar en público; para otros, ir al médico, salir de viaje, cambiarse de casa, el embarazo o la educación de sus hijos. Sin embargo, existe otro grupo de personas que tiende a manifestar tensión y con ella, cambios emocionales durante la época de fin de año.
La acumulación de gente en los centros comerciales, la congestión de automóviles en las calles, la decoración del hogar, los convivios, el hecho de no haber cumplido metas este año, o incluso, la falta de recursos para adquirir los regalos que conlleva la Navidad les provoca mucho estrés.
“Para ellos es importante que hagan una reflexión en sus vidas y encuentren el verdadero significado de la Navidad, y no dejarse llevar únicamente por los factores externos que son precisamente los que causan esa tensión”, explica la terapeuta Ana Lucía Rosel. Es recomendable evitar el contacto con los agentes provocadores de estrés. Por difícil que parezca, sí se puede. A eso se suma la práctica en casa de actividades que ayuden a estar más relajados, como musicoterapia, aromaterapia y la meditación a través del yoga, o bien, práctica de ejercicios.