?No me fue muy bien porque la gente no compraba muebles hechos, sino que los mandaban a hacer. Tuve que aprender?.
Al teatro no le faltó público, pero cerró en 1989 porque ?era difícil a los actores llegar y asistir a los ensayos después de una jornada de trabajo?
¿Tan difícil era?
?Hicimos un obra que en Broadway tenía 50 actores, con 6. Pinté a los personajes. Pero ensayamos tan poco y al día del estreno no habíamos ensayado con vestuario, y a mí se me deshizo el turbante de Rajá que llevaba y nadie sabía cómo ponerse los trajes. El receso del primer acto tardó 25 minutos. Yo dije, después de este fracaso, la próxima vez mejor pinto al público?
¿Cuándo llegó Ud. a Guatemala?
?Vine en 1958 a escribir una historia sobre unos estudiantes de Arqueología de la Universidad de Oklahoma, pero en lugar de artefactos, encontré una esposa. Fue romance de 1 semana. Nos casamos en Oklahoma y después, como decía mi suegra, había que tener una boda ‘de a de veras’, por la Iglesia. En 1961 vinimos a vivir acá, yo trabajaba en una finca de café, pero no sabía nada de café? (Ríe)
¿Y cómo empezó en el teatro?
?Para conocer gente, traté de entrar en el elenco del grupo Guatemala Community Teather. No me dieron el papel pero pensé que podía ayudar. Vendí Q 1 mil en anuncios, que en ese tiempo era un dineral. A la otra obra ya tenía el papel principal. Y después hasta me contratarían como director?.
¿Había actuado antes?
?Sí, pero sólo había trabajado en babosaditas. En Oklahoma teníamos nuestra versión de Huelga de Dolores. Hacíamos obritas de protesta. Yo estudiaba Finanzas y se supone que no tenía nada que hacer con esos locos del teatro. Pero mire: sí?.
¿Cuándo funda el Teatro del Puente?
?Yo me dije ¿por qué trabajar para Community si puedo hacerlo solo? Fundé el Teatro del Puente, en 1969. Me acuerdo muy bien de nuestra primera obra: ?Drunkers?, un texto del siglo XIX pero puesto intencionalmente de manera sobreactuada?
¿Cómo consiguió el edificio?
?Ahí era la fábrica de muebles. La gente llegaba a mi tienda con una foto o dibujo para pedir su diseño. Había muchos artesanos y con ellos aprendí. Mi competencia eran las carpinterías de la zona 3, pero yo tenía la ventaja de conocer más sobre acabados finos?.
¿Cómo le fue con el público?
?Las obras que yo empecé a sacar eran apolíticas. Me criticaron por eso… sin embargo, el público llegaba. Los alemanes que vivían en Guatemala fueron mi primer público constante?.
¿No hizo teatro comprometido?
?Por ser un gringo, un extranjero, no podía ponerme a opinar sobre los asuntos. Por eso hacía teatro apolítico. Y en tiempos de Lucas García… este maloso, hubo fuego en la Universidad Popular. Rubén (Morales Monroy) empezó a poner también obras apolíticas y muchos dejaron la actuación. Se sobrevivió con teatro para colegios y ahora, con teatro en restaurantes. Sin embargo, en la década pasada comenzó nuevamente la política como tema?. ?Actualmente hay muchas obras consideradas frívolas, pero hay que reconocer que mucha gente se dedica de lleno al teatro. Me encanta la crítica que hacen Celia Recinos y Josué Morales.
Claro que ahora no es tan letal hacer esas críticas. En los 80 era realmente peligroso?.
Diga un recuerdo triste del Teatro del Puente…
?Una vez pusimos una temporada de danza. A la función de estreno iba el embajador de Alemania pero lo secuestraron (Karl von Spretti, 1970). Y para la última función, ví muchos carros enfrente. Contento pensé que al menos para la última función estaría lleno. Y qué, era la policía que había bloqueado la 7a. avenida, porque habían matado al embajador?.
Usted dirige Héroes Ausentes, junto a Xavier Pacheco y Alfredo Porras Smith, en el IGA
?El autor, Rubén Nájera pensó que sería buena idea juntar tres formas de dirigir en una misma obra. Así que cada sección de la obra es una entidad completa, una obrita. Yo dirijo el segundo acto, un monólogo.
Esa es mi ?obrita?. A ver cómo queda?.