En él compartían la noche fantasmas de rancio abolengo, bullangueros miembros del ejército de la Guerra con Cuba y otros personajes salidos de la imaginación del compositor.
En la pieza se refleja la tertulia ideal en la que todo enlutado quisiera que se mantuviera el espíritu de su fallecido.
Stephanie Riegel expone una singular colección fotográfica en La Cúpula. Este restaurante, concebido en la tradición de las conocidas salas Vittorios – de principios de los años 70- y El Sereno – en la época de Duane Carter, años después – funge como cálido anfitrión. En la muestra se puede captar, al igual que en la canción de Mecano, el sentimiento con el que los guatemaltecos de occidente entierran a sus seres queridos.
Los cementerios: lugares vivos
Bajo esa premisa, Riegel crea un marco de referencia -con valores dentro de lo documental- fundamentado en el color, en las formas sincréticas de lo popular que se aúnan en composiciones plásticas de especial atractivo. En éstas, como en el caso de la colección del Caribe guatemalteco que exhibe Claudio Vásquez en el IGA, destaca la visión cromática relajada de los lugareños captada por la capacidad de encuadre de la artista.
La fotografia numero 16
Fue captada en un cementerio del departamento de Sololá y se enfoca la atención en figuras geométricas resaltadas en colores pastel (fríos) en las que aparece como elemento discordante pero integrador el rojo vivo.
Estos mausoleos de carácter tuniano, desde la visión de Stephanie Riegel, adquieren connotaciones arquitectónicas puras en las que las formas se independizan del entorno para encontrar otra dimensión que el de la función utilitaria para la que fueron construidos.
Lo mismo se puede decir de la lápida en naranjas amarillentos ubicada en otro cementerio de Quetzaltenango. En este caso los dolientes, rindiendo un especial homenaje a su muerto, crearon una plancha correspondiente a la profesión de chofer de éste: la recreación de una placa automotriz en la que destacan los datos del enterrado quien, aparentemente, falleció en una ciudad norteamericana.
En las dos impresiones mencionadas, así como en las otras 19 tomas, hay un alto despliegue de contenido que señala la variedad de recursos de los lugareños y la capacidad en el manejo de la composición de la fotógrafa. En el primer caso se manifiestan, sin mayores preámbulos, las fuentes inagotables de creatividad del guatemalteco cotidiano, el del pueblo. En el de la artista, la visión de encontrar, en lugares comunes, valores esenciales.
Estos cementerios de Stephanie Riegel se alejan de los suntuosos mausoleos estilo francés del último cuarto del siglo XIX y principios del XX. Su elegancia, su magnificencia, resalta en las características humanas reflejados en ellos. En el tiempo y la dedicación que cada familiar dedica a perpetuar la memoria de su fallecido. Hay un dicho que reza que mientras se piense en el muerto, este seguirá vivo; aunque sea en el corazón.