Algunas compañeras de preparatoria como Sharon Duarte, Tula Ondina Núñez y Patricia Waren, se divertían jugando a ser defendidas por un caballero y su espada. Era toda una novedad la espada, pues era importada y sus luces resplandecientes atraían a los niños de la escuela.
En esa niñez tan maravillosa falleció mi abuela paterna Eufemia Miguel Sánchez, originaria de Livingston y descendiente del llamado fundador de Livingston, Marcos Sánchez. Mi padre, un autodidacta de la geografía y la historia, pocos años antes de mi nacimiento entraba en contacto con el ex presidente de los Estados Unidos, John F. Kennedy; en la sala de mi casa había una fotografía y una revista sobre la vida de Kennedy después de su muerte, y entregada a mi padre por medio de la embajada estadounidense en Guatemala.
En mi niñez ignoraba que mi abuelo materno, Benjamín Álvarez, originario de Livingston, en 1931 era agente privado de la United Fruit Company en Puerto de Tela, Honduras, y que años más tarde un primo y otro garífuna combatían en la guerra de Vietnam como soldados americanos, defendiendo la bandera estadounidense y realizando una labor heroica.
Cuando tenía 15 años mi padre me dijo: ?Quiero que seas un oficial del Ejército?. Y le contesté: ?Papá, quiero ser maestro?. Y me hice maestro. El trabajo de enseñar es sencillo si se ejerce con dedicación, agradable cuando se disfruta con verdadero placer, y eterno si se aprende y transforma uno a sí mismo.
Felicito la labor que han hecho en mí mis maestros, pero de alguna manera hay maestros que trascienden y que han dejado una huella positiva e incentivadora: Lic. José A. López y Hilda G. Chacón en Primaria; Francisca viuda de Rosales, Jorge Cambronero y Gustavo Ajuria en el nivel Básico; Licda. María de los Ángeles Contreras, Lic. Arturo Higueros, Lic. Álvaro Cano y Oscar Jaime Lópes en Diversificado; en la Universidad, Licda. María Pinto, Lic. Antonio Vásquez, Lic. Gabriel Morales, Lic. Fernando Urquizú, Willy Lee, Guillermo Díaz Romeau y Edeliberto Cifuentes; este último por su experiencia en la investigación científica e histórica y estímulos para desarrollar el oficio de historiador y estudio de la escuela francesa de los ?Annales?. Si bien es cierto no he sido un estudiante y un maestro brillante, yo sé que en mis debilidades y fortalezas se perfecciona mi nuevo poder.
En mi labor docente he tenido más satisfacciones que desencantos y agradezco a colegas, ex alumnos y alumnos que reconocen mi labor; mi regreso a la escuela ?Fe y Alegría? No. 9, aunque sea por un instante me sirvió de reflexión y es que ?la vida del maestro es una candela que da luz a todos, pero, asimismo, se consume?.
Perdono a mi nación por ser como es, perdono a los que me critican por ser como soy sin conocerme, perdono a aquellos colegas que en el pasado me sirvieron de piedra de tropiezo y si los hubiera en el presente, en algún lugar, también los perdono. Yo en lo particular estoy aquí vivo sin olvidar mis raíces, mi linaje, mi compromiso conmigo mismo, con mi Dios, mi familia y con la comunidad garífuna centroamericana.