Claro que a los 15 años de la boda lo que hay es una foto con un traje que nunca más usamos y una gran marimba pero de niños, que quieren dulce, quieren gaseosa, quieren ir al circo, quieren helado o mejor quieren galletas… ¡Ah, patojos, parecen pura marimba de pueblo! (Si es muy joven y no sabe qué quiere decir eso, pregúntele a su papá o al abuelito).
Todos marimbeados
Así llegamos después de tres horas viajando por algún camino de terracería cuyo mantenimiento preventivo fue adjudicado en licitación ilícita a alguna empresa fantasma.
El autóctono instrumento nacional, símbolo patrio (oficialmente designado sólo hace 3 años), que ni es hijo ?de Lempira ni gloria de Yucatán? (como dice el poema de Solares Gálvez), a veces no es sino una leyenda profanada y convertida en versión folclórica de ?La del moño colorado?.
No es que sea mala la versatilidad de la cimbra marimba, pero hay adaptaciones francamente ridículas, con chinchincitos y xilófonos, que vienen a ser como las canciones románticas de los Beatles, adaptadas a ritmo tropical, que programan ciertas emisoras en estos días. No sólo se oye feo sino que nos obliga a preguntarnos ¿hacia dónde vamos?
Quizá esa desconfiguración de identidad podamos compararla con la imagen de un chucho seco, sin dueño, de esos que vagan por las calles y aunque se tragan lo que sea, no engordan. No nos explicamos cómo se sostiene en pie (y con vida). Para describirlo decimos simplemente que era tan flaco, tan flaco que parecía ?pura marimba?.
Marimba andante
A todos los señorones que no se pierden su programa ¡Faaaabuuuumarimbas! o ¡Chapinlaaaandia!, diremos que la marimba es una muchacha bonita pero triste (llámese Thelma o Migdalia Azucena) que trata de sonreír y demostrarle a todos que está contenta.
Es un tren que ya no existe en Los Altos, pero sigue corriendo; el par de chancletas de un tal Nayo o un vals para mi madre.
Nos guste o no, crecemos con la marimba, su sonido nos acompaña y un día, lejos de aquí, nos conmueve cuando por casualidad (en vivo o en disco) escuchamos ?La flor del café? o la ?Fiesta de pájaros?.
Sí. La marimba es triste hasta cuando la fiesta está en lo mejor. Quizá porque recuerda pueblos donde quienes la tocaban, quienes la iban sosteniendo, quienes escuchaban o bailaban ya no existen porque fueron asesinados y enterrados en el fondo de un pozo donde calló (cayó) el armonioso instrumental de las ?melodías de turpial?.
Nombres de marimbas
Todas lo tienen grabado en madera o, aunque sea, pintado con letras chorreantes en alguna lámina de zinc.
Algunas son voces: Voz de los Altos, Voz de los Cuchumatanes, Voz de Chamelco.
Otras son ecos: Ecos Manzaneros, Ecos Pochutecos o Ecos del Valle.
También hay almas: Alma de mi tierra, Alma del Regimiento, Alma Tuneca.
O un gentilicio diminutivo: Sanjuanerita, Chiantlequita, Marquensita o la Orquesta Gallito.
Algunas hasta tienen ya pareja para bailar: Checha y su India Maya, Los Hermanos Hurtado o con Fidel Funes.
Finalmente, con elementos meteorológicos: Estrella caminera, Brisas quichelenses y una que se llama Blue Sky.