Vida

El Mercado de discos de música clásica

Tuvo lugar en Cannes el Mercado Internacional de la Música, edición 2001

Recientemente tuvo lugar en Cannes, Francia, el “Midem” -Mercado Internacional de la Música- en su edición 2001.

Además de los artistas que participan en los conciertos programados a lo largo de dicho acontecimiento, éste se constituye en una especie de feria musical, en la que se dan cita diversos personajes, asociaciones y comisiones culturales, así como numerosos fabricantes y firmas comerciales de distintos países, que exponen sus nuevos productos al público melómano.

A la sazón, una de las publicaciones del Midem ha dado a conocer unas estadísticas revelantes en torno a las ventas de ese objeto tan singular dentro de la industria musical: el disco compacto de música artística o “clásica”; ese producto que tiene que ser, al mismo tiempo, una propuesta de arte y una mercadería.

Ha quedado confirmado para el período 1991-2000 que, en relación a las ventas de otros tipos de música, el CD “clásico” escasamente representa una décima parte del mercado disquero. Es más, aun cuando varios de los países comprendidos en el reporte (Bélgica, la República Checa, Francia, Hungría, Italia, Holanda, el Reino Unido y Suecia) han conocido años en que los discos de música artística han significado entre un 12% y un 15% de las ventas, todos ellos exhiben una tendencia a la baja, diferenciándose únicamente Alemania, Austria, Dinamarca y los Estados Unidos, cuyos mercados muestran una clara estabilidad a lo largo de los últimos diez años.

Sin embargo, es de notar que el porcentaje más bajo de todos es, precisamente… el del mercado norteamericano: apenas un mediocre 3% de sus ventas de discos ha correspondido al género clásico durante todo el decenio.

A contramano, la información da cuenta del fenómeno inverso -es decir, el aumento del porcentaje abarcado por lo clásico- en Rusia y en dos regiones del Extremo Oriente: Singapur y Corea del Sur, ésta incluso con un 18% durante 1998.

No se puntualizan las causas de tal comportamiento mercadológico. Tampoco se especifica qué se considera estrictamente como música “clásica” (ni en cuanto a estilo, ni como producción discográfica). Los datos tampoco toman en consideración las incontables ediciones independientes (que no son distribuidas por las grandes compañías transnacionales ni pasan por comercios establecidos, ni son producto de la piratería), pero se especula, por ejemplo, que el mercado en la Europa del Este (aislada todavía) podría crecer en los años por venir.

Tampoco se indica la relación costo-beneficio que se da en la música artística (por comparación con lo que se invierte en la promoción de música masificada).

Para terminar, llama la atención, dentro del informe, la intrascendencia que para el mercado de la música artística se le asigna al tercer mundo: aparte de dos o tres territorios fuera del círculo europocéntrico en los que se mueve el gran capital, no cuentan ni Asia, ni Africa, ni América Latina.

Incluso salen sobrando las regiones situadas en su periferia cultural, como los de la península Ibérica, Irlanda, Escandinavia o Grecia.

Estadísticamente, poco animante el “mercado” del CD clásico. Pero, por eso mismo, una muy buena razón para producir más discos de música artística.

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