Vida

Presto non troppo: Música o… ¿espectáculo?

La música puede subsistir sin el espectáculo

Pregunta: ?¿Cómo estuvo el concierto??

– Respuesta: ?Bonito show y muy impresionantes los efectos de luces?.

Pregunta: ?Pero, ¿qué tal te ha parecido el cantante??

Respuesta: ?Ooooh… ¡se nota que ha estado haciendo mucho ejercicio!?

Pregunta: ?Es decir, la música, ¿te gustó??

Respuesta: ?Estuvo excelente la presentación del grupo?.

Así, ad nauseam.

Así, sin reparar en el fondo de la cuestión. Son muchísimos los que se ven atrapados y persuadidos por una enorme industria que les vende la música como que si fuera principalmente un fenómeno visual, en que lo auditivo se ve relegado a un mero pretexto. Un aparato de producción a gran escala que toma el ?espectáculo musical? y lo reduce a ?espectáculo?, nada más.

No es que aquí se pretenda defender neciamente la supuesta pureza de una música que se ha dado en llamar ?absoluta?, para escuchar sólo a ojos cerrados. Muy al contrario, hay una infinidad de obras musicales que se habrían beneficiado grandemente, de haber contado con elementos atractivos para la vista. Desde tediosas funciones de música sinfónica o de cámara sin ningún aliciente a los ojos del público, hasta despliegues de rock en los que se repiten las mismas mecánicas de cualquier recital, año tras año, actuación tras actuación, canción tras canción, sin componentes visuales renovadores.

Derivado del vocablo en latín ?spectare? (que en castellano equivale a ver, mirar o contemplar), la palabra espectáculo implica, evidentemente, a un ?espectador? – alguien que se percata de un acontecimiento por observación. Una exigencia de la que no pueden prescindir ni la danza, ni el cine, ni manifestaciones tales cuales el circo, los desfiles y las artes de la calle. Sin embargo, la mayoría de sus representaciones dependen de la música como un ingrediente que les es prácticamente indisociable.

La música, en contraste, puede existir por completo en ausencia de lo visual, como grabación fonográfica o a partir de una emisión radiofónica. Mientras que en un disco sin imagen gráfica serían impensables un ballet, una película, o una función de acróbatas y trapecistas (a menos de que se trate del acompañamiento musical), la música puede subsistir perfectamente sin el espectáculo para la que hubo de ser concebida originalmente.

Ese es el punto: ¿qué le está despachando la mega-industria del espectáculo al consumidor, cuando le promete un gran espectáculo ?musical?? Si es una ópera de Verdi o de Puccini, montada a lo fastuoso; o un concierto de Pink Floyd, con robots y proyectores láser; o una exuberante puesta en escena de los mejores trovadores brasileños; allí habrá espectáculo y habrá música. O, cuando menos, habrá música, aunque se deshagan los peinados, se recoja el vestuario, se suspenda la coreografía, se remuevan la tramoya y la escenografía, y se apaguen todas las lámparas.

Pero, si la música que se comercia no es más que una basura adornada con mil focos, mil pasos de baile, y una millonaria estrategia promocional, ¿qué queda cuando se quitan los focos, se retiran los bailadores y se acaba el hostigamiento propagandístico?

presto_non_troppo@yahoo.com

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