Vida

Revelaciones: La novelística de Monteforte

Cada año, con motivo del certamen Monteforte de Novela, se da una verdadera fiesta en el campo de las letras en Guatemala.

Se invita a algún escritor latinoamericano connotado para que venga a Guatemala a ser parte del jurado calificador. Este año se invitó al destacado ensayista, narrador y poeta, académico, crítico y traductor Carlos Montemayor, quien disertó sobre varios temas relativos al quehacer literario.

La primera disertación versó sobre ?Mario Monteforte Toledo, un homenaje al escritor guatemalteco?. Un excelente estudio sobre la novelística de este autor, el cual abarca toda su trayectoria narrativa, desde ?Anaité? y ?Entre la piedra y la cruz?, hasta su reciente obra ?Los adoradores de la muerte?. Montemayor ahonda en el tema fundamental de esta novelística. Fija su atención, principalmente, en una idea que parece persistir en el transcurso de la narrativa montefortiana: el tema de lo remoto y de la muerte.

No cabe duda -enfatizó Montemayor- que esta última novela: ?Los adoradores de la muerte?, nos viene a revelar y enfrentar con el tema obsesivo que jamás ha abandonado la narrativa de Monteforte y que se puede perseguir en el transcurso de toda su novelística. La búsqueda del autor de ?Anaité? siempre apunta a una preocupación metafísica de lo remoto y de la muerte.

Montemayor profundiza dentro en ?Los adoradores de la muerte? como nadie lo ha hecho. Se admira de la excelencia del lenguaje, unida al dominio pleno del arte narrativo. Lo que descubre el legendario personaje principal, Johnson, es a manera de revelación: ?La muerte era un regalo de Dios; la habían inventado los hijos de sus primeros hijos y era el más grandioso hallazgo de la pobre, huérfana, impotente humanidad?. La muerte se ofrece, así, como encuentro con lo verdadero y como salvación.

Monteforte da a conocer, así, su pensamiento filosófico de índole metafísico. La muerte es un más allá que apunta a lo remoto, o viceversa. Y Dios es el ser que la representa en toda su majestad. De ahí su adoración: adoración a la muerte. Adoración a Dios.

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