Es la avenida que atraviesa cuatro zonas de la ciudad con su mismo número. Se supone que cuando pasa por el Centro Cívico tiene otro nombre pero pregunte dónde queda el Bulevar 15 de Septiembre y nadie le sabrá dar razón.
Pasa por los lugares más importantes: el Centro Cívico (sueño de una ciudad que pronto despertó) y la Plaza de la Constitución (con todo y el gran pastel mohoso del Palacio Nacional y la Catedral color de pan).
Las dos veces que ha venido el Papa Juan Pablo II, la 7a. avenida ha sido la ruta de llegada al Centro Histórico.
De pies a cabeza
Alguna vez fue de doble vía pero actualmente su sentido es de sur a norte. En el extremo de la zona 9 me acordé de la vez que esperé el autobús con una novia muy bella que tenía, una tarde casi noche de domingo.
Me detuve a ver que la fuente de la Plaza España tiene un letrero grabado en la piedra. Dice que fue mandada a hacer en 1789 por la ?M.N. y M.L?. (muy noble y muy leal) ciudad de Guatemala en memoria de su majestad Carlos III, en conmemoración del ascenso al trono de Carlos IV.
Los caballos deberían tirar resoplidos de agua pero en estos tiempos del fenómeno de El Niño la pila está seca. La fuente estuvo frente a la Catedral y tenía una efigie del rey, pero fue deshecha a martillazos por una turba, tras la declaración de Independencia en 1821.
Al pasar frente a la Pediatría del IGSS me acordé cuando vinimos, con la misma novia, a visitar a una bebé enferma y pasamos mirando los tornillos de la Torre del Reformador, la que el buen sobrino José María Reyna le dedicó a su tío ?Gusto Rufino? para imaginar que este paisito era un Parisito, en 1896.
Entre la bocinadera
La municipalidad ya volvió a colocar los postecitos (bautizados como ?bolardos?) que los vendedores callejeros deshicieron hace algunas semanas -¡a martillazos!- por impedir el estacionamiento de vehículos y perder la oportunidad de vender accesorios para carros.
Mejor nos adelantamos hasta el Centro Cívico, que era el inicio de un nuevo ideal urbano con edificios funcionales, rodeados de murales esculpidos y pintados. Mire en qué estado se encuentran los de Mérida y González Goyri en el IGSS. Y mire a la gente que se cruza corriendo la avenida aunque existe una graaaaaaan pasarela desde la que se aprecia el puente de la Penitenciería (donde eternamente pasa ese tren fantasma de 1908).
Si pasa debajo verá que tiene aruñones de animales gigantes: camiones, autobuses y furgones que se han quedado trabados por no calcular bien la altura.
De la 18 calle para abajo
Los cuatro carriles se vuelven dos, que divididos entre 10 mil carros y sumados a mil camionetas, dan como resultado un atolladero frente a lo que alguna vez fue el cine Fox y hoy es venta de artículos eléctricos. Mejor es cerrar un poco los ojos y dejarse llegar hasta la parte de atrás del Palacio de la Policía (14 calle): un gran hoyo que sirve de parqueo. Aquí estuvo el Convento de San Francisco, que en 1978 fue dinamitado, en lugar de restaurado.
Ahí viene el gran pastel de turrón que es el Palacio de Correos. Y digo pastel porque hay días en que agrada y otros en que parece empalagoso.
Por la 11 calle está doña Piedad, la señora en silla de ruedas que vende bolsitas de tela típica.
Cómprele una. Y ya que vamos por aquí, que levanten la mano quienes crean que el edificio El Centro es bonito. La torre de la Catedral dice que a ella no le gusta, que ya son las 11 y que a partir de aquí la Séptima se aleja a morir en silencio. No más edificios grandes ni restoranes o bancos.
La otra torre de Catedral dice adiós con su otro ojo reloj. Quizá se acuerda del sábado que salí del brazo, bajo sus campanas, con aquella misma novia.
La avenida que en otros puntos ha sido tan importante acaba convertida en una callejuela de barrio tranquilo. Se parece un poco a la vida de mucha gente que sirve tanto y al final, pocos recuerdan.
La Séptima recibe un silencioso beso de la avenida José Simeón Cañas y se mete al parque Hipódromo del Norte.