Vida

Tics: válvulas de escape emocional

Psicología: Aparecen o se agudizan en momentos de inquietud o nerviosismo

Los tics nerviosos suelen aparecer o agudizarse en los momentos de inquietud, preocupación o nerviosismo, pero cuando ya están instaurados se presentan igualmente en situaciones relajadas, porque son ajenos a la voluntad.

Quien los padece apenas es consciente de su conducta; quien los presencia no habla del tema por cortesía, aunque sienta rechazo. Los hábitos nerviosos son movimientos breves, rápidos e involuntarios, simples o complejos, estereotipados, repetitivos y sin finalidad, que abarcan desde un simple parpadeo, hasta desórdenes complejos, que pueden alterar la vida del afectado.

Movimientos automáticos

Estos ?guiños musculares recurrentes? que son un mecanismo de defensa ante posibles amenazas y funcionan como ?válvulas de escape? para retornar al equilibrio, son un trastorno común, que un 10 por ciento de la población sufre en algún momento de su vida.

Según el enfoque psicoanalítico, los hábitos nerviosos son un síntoma de un problema de la personalidad y se originan en diversos complejos, una agresividad reprimida, una necesidad de autocastigo o una autocomplacencia erótica.

Por ejemplo, el tic de un niño puede ser la expresión de una relación conflictiva con su madre: una manera de decir no a las normas que ella le impone. También pueden ser cuadros de una neurosis o de trastornos obsesivo-compulsivos, que se manifiestan en conductas como mantener un orden excesivo, o repetir rituales como lavarse las manos a cada instante o tener pensamientos reiterativos.

Algunos episodios duran una semana o poco más; otros son crónicos (más de un año). Una persona puede sufrir más de un tic a la vez sin que se interfieran entre sí, y a veces, cuando es controlado podría aparecer otro.

Según invetigaciones, se desarrollan gradualmente: una persona se muerde una uña rota, después comienza a utilizar esta técnica para ?arreglarlas? y esa costumbre se consolida. Estos desórdenes empeoran con el estrés y las situaciones que causan malestar; se profundizan al someter a quien comienza a sufrir un tic a una sobrecarga de atención; disminuyen o desaparecen cuando el individuo se encuentra tranquilo, distraído o duerme; se atenúan si se practica alguna actividad física o mental absorbente.

Orígenes y desencadenantes

Los tics tienden a aparecer cada vez que se presentan ciertas situaciones y actividades como leer, ver la tele o ir al dentista. Pueden presentarse ante sucesos como un examen, la muerte de un ser querido o una situación violenta. A veces aparecen por imitación (al adoptar hábitos de nuestros padres), problemas médicos (una faringitis puede derivar en una carraspera continua), o la práctica excesiva de un movimiento habitual (retirarse el cabello de modo inconsciente).

El nerviosismo, la ansiedad y la inquietud, habituales, y los trastornos obsesivos y de ansiedad así como los períodos conflictivos de la vida, son un caldo de cultivo ideal para éstos. Vivir en una familia con tendencia a las conductas repetitivas o a practicar actos rituales para aliviar la ansiedad, también favorece la aparición de tics.

Los estudios indican que los hábitos nerviosos son más habituales en los ambientes familiares que son muy rígidos en sus normas, que tienen poca permisividad en la expresividad social y que ejercen un fuerte control en el comportamiento de los hijos, a quienes se les exige que sigan un tipo determinado de conducta de forma inflexible. Los niños con antecedentes familiares de tics, son más proclives a desarrollar estos desórdenes.

Según los expertos hay distintos tipos de tics, como los ?motores?, que se localizan en distintas partes del cuerpo y abarcan desde el parpadeo continuo de los ojos y las sacudidas de la cabeza, hasta el encogimiento de hombros y las muecas faciales.

También los hay transitorios (surgen sobre todo en la adolescencia, no duran más de dos semanas y tienden a desaparecer espontáneamente), guturales o vocales (afectan a las vías respiratorias, suelen ser pasajeros y consisten en carraspeos, pseudo-ladridos, olfateos, chasquidos de lengua) o crónicos (perduran un año o más, y aunque pueden desaparecer durante un tiempo, suelen reaparecer en las situaciones críticas).

¿Cuándo preocuparse?

Según los psicólogos, todos tenemos hábitos y es normal: no significa estar desequilibrado. Se calcula que una de cada 10 personas sufre durante su vida hábitos nerviosos, que no tienen excesiva importancia, son desahogos idóneos ante una excesiva presión, pueden ser considerados sanos y desaparecen sin dejar rastro.

Cuando se vuelven patológicos

El problema surge cuando el tic se repite muchas veces o interfiere en otras actividades, o comienzan a aparecer diversos tics y en una misma secuencia, todos seguidos. No hay que dejar sin tratar aquellos tics que puedan limitar el contexto de relación o afectar la autoestima.

Si el hábito se transforma en un problema existen opciones eficaces para abordarlo: las técnicas de autoayuda (aconsejadas por los expertos), la psicoterapia (en los casos más severos), la relajación (contribuye al autocontrol) o las medicinas complementarias (la homeopatía y la acupuntura ayudan a equilibrar el sistema nervioso).

Tirarse del pelo o mesárselo, morderse las uñas, los labios o el interior de la mejilla, carraspear y toser, guiñar el ojo, resoplar, hacer sonidos o muecas, no poder estarse quieto, atascarse al hablar o tartamudear, pestañear con mucha frecuencia o rechinar los dientes, son algunos de los hábitos nerviosos más habituales.

Soluciones de urgencia

Para deshabituarse de un tic, los expertos recomiendan como primera medida desdramatizarlo, y a partir de allí, probar una serie de autoayudas básicas para eliminarlo o controlarlo:

Tome conciencia del hábito percibiendo todos los detalles, situaciones o personas ante los que se desencadena o agudiza. Pida a un familiar o amigo que le ayude a descubrir su hábito nervioso, en que momento lo practica, con quien y durante cuanto tiempo.

Lleve un registro: tome de nota de los ?qué, cuándo, cómo y dónde? de su hábito para comprobar sus progresos; cuánto más sepa de su tic, más estrategias podrá diseñar para controlarlo.

Motívese, ya que de nada sirve que los demás le ?obliguen? a cambiar su conducta; si usted no lo desea no conseguirá eliminarla.

Analice los problemas y molestias que le ocasiona el tic: tal vez sea tan insignificante que no valga la pena cambiarlo, o quizá esté limitando su vida del algún modo; dedique un tiempo a descubrirlo.

Fíjese en los tics ajenos y sus inconvenientes: probablemente le moleste que alguien que conoce se coma las uñas o tire el pelo.

Aprenda ?reacciones de competencia?: conductas opuestas o incompatibles con la manía, que no puede realizar al mismo tiempo que el tic y le ayudan a controlarlo; aplíquelas cuando note que va a surgir el tic, manteniéndolas unos 3 minutos. Si no lo consigue a la primera, con práctica lo logrará automáticamente.

Actúe: al principio deberá ensayar para aprender la reacción de competencia; después podrá aplicarla en cualquier situación.

Practique algún método de relajación y mantenga una respiración profunda y tranquila en los momentos de nerviosismo.

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