?En La Voz de la Mujer no se hablará de la cosa pública porque la política es un campo demasiado estéril para las señoras. ¿Qué sabe el sexo débil de fondos de la nación, de cuerpos diplomáticos, de representantes y cuestiones gubernativas? Ridículo sería que la mujer terciase en asuntos tan serios y que deben quedar a cargo de hombres sabios? (Vicenta Laparra).
Suene como suene hoy, fue el primer periódico femenino, exclusivamente ?escrito por señoras guatemaltecas?, fundado por la poetisa, dramaturga y educadora Vicenta Laparra de la Cerda.
Acta de bautizo
?En esta iglesia Parroquial del Espíritu Santo, en lunes 6 de abril de 1831, el cura José Tomás Fuintana, bauticé solemnemente a Vicenta de la Soledad que nació ayer, hija legítima de los ciudadanos Nicolás Laparra y Desideria Reyes?. Anotación al margen: ?Casada en 6 de septiembre de 1852?.
Sí, se casó en Guatemala con César de la Cerda Taborga, pero antes, durante su infancia, tuvo que sufrir la temprana muerte de su madre y varios años de exilio debido a la persecución política en contra de su padre, que era un liberal declarado en pleno auge del régimen de Rafael Carrera.
Salieron a México, se quedaron a vivir en Comitán, Chiapas, donde aprendió artes manuales y se interesó por la música y las letras.
La poetisa cautiva
Ya de vuelta en Guatemala, participó en tertulias literarias, comenzó a publicar poesía en algunos diarios y a escribir dramas. Uno de ellos fue especialmente exitoso, titulado ?El ángel caído?, puesto en escena el 18 de julio de 1886. No había terminado el segundo acto y el público aplaudió hasta obligar a salir a los actores y a doña Vicenta, que ya para entonces tenía 55 años de vida y 19 de padecer una parálisis en las piernas, lo cual la obligaba a usar silla de ruedas (por eso le decían ?la cautiva?).
Escena III
Obra de teatro sin título (en un tiempo en que no había TV, ni radio), escrita por Vicenta Laparra.
-Aparece Clara sola, saliendo al balcón, llora.
?¡Ay Dios Santo!, ¿Qué inquietudes me roban la dulce calma? ¿Por qué se estremece mi alma, si es modelo de virtudes? ¡Mi cuñada!, no, Dios Mío. ¡Este es un mal pensamiento! ¡Le disiparé al momento! ¡Jesús, me da calosfrío!… Imaginarme siquiera, que la esposa de mi hermano, pudiese amar a un villano y deshonrarse quisiera! Pero en esa carta horrible que esta tarde recibí y que temblando leí, la culpan… ¡no, no es posible! Que yo le diga es preciso, lo que de ella se murmuraba cuando con Julián bailaba ¡qué penoso compromiso!… Si se enoja, su reproche resignada sufriré. ¡Ella viene! ¡Santo Dios! Haz que me oiga sin enojo, mira el llanto en mis ojos…¡Protégenos a las dos!?.
Y resulta que sí, la cuñada es amante de Julián, intenta dejarlo pero él no lo acepta. Viene el marido y descubre el engaño. (Continuará… más adelante).
Escribió de todo
El historiador David Vela cuenta sobre las tertulias en casa de ?Mamá Chenta?, como solían llamarla sus amigos: ?Ella, en un sillón de inválida tenía a la vez una cátedra moral y un sillón de academia…(Enrique) Gómez Carrillo la vio siempre como una madre? (El Imparcial).
Vicenta Laparra escribió dos novelas, 6 novelas cortas (de las cuales sólo publicó ?La venta de un corazón?, 9 dramas, 4 comedias ligeras, 4 zarzuelas, varias poesías y ensayos.
Muchos de sus versos son tristes porque los escribió desde otro exilio, en Costa Rica y El Salvador. Esta vez por problemas políticos de su esposo. En ambos países trabajó como directora de escuelas, para poder sostener a sus 8 hijos, de los cuales dos murieron por epidemias de peste.
Su hermana Jesús, que fue como una madre para ella, la apoyó para fundar ?La Voz de la Mujer?, que en otro número, en un artículo dirigido al entonces presidente de la República, Manuel Lisandro Barillas, escribió: ?Creednos señor, La Voz de la Mujer os hablará siempre el lenguaje de la verdad, porque sólo la impulsa el bien de la patria, que es la segunda madre de nuestros hijos?.
Continuación del drama
El marido traicionado saca la pistola. Ella le dice que si mata a Julián, que la mate a ella también. El esposo tira la pistola y saca un cuchillo y mata al amante. Ella llora, grita, pide que la mate, pero le toca una condena peor: la echan a la calle. Fin.
Otra acta
?En Guatemala, a 29 de enero de 1905 compareció Maximiliano de Laparra y como sobrino dijo: ?hoy a las 6 de las mañana, en la casa número 90 de la Avenida Central, falleció intestada y a consecuencia de afección al corazón, Vicenta Laparra de la Cerda, de 74 años de edad, viuda de César de la Cerda, ladina, católica, oficios de su sexo, originaria de Quetzaltenango y de este vecindario….? Ratificó lo escrito y no firmó. Partida 125, folio 469 del libro 55 de defunciones.
Su aporte
Casi a 100 años de su muerte, se reconoce su aporte al periodismo y las letras. Recién acaba de formarse una asociación cultural que lleva su nombre y en estos días está abierta, en la Hemeroteca Nacional, una exposición de los periódicos que editó, manuscritos de sus dramas, fotos y poemas que son testimonio de una ciudad (que más era un pueblo) donde las señoras alfabetas por fin tuvieron su propio periódico.