Vida

Viejos Remedios caseros

Desde cebollas hasta sapos, de todo se ha usado para controlar lombrices y gripes. (Parte I, de II).

Cebo en la nariz, los pies metidos dentro de un balde con agua caliente, la cabeza bien tapada y caldo de pollo tomado a cucharaditas… Así se curaban antes los resfríos. Y la gente no se bañaba durante varios días, tal como hoy lo hacen los europeos (y sin tener resfríos…)

Cuando a alguien le dolía el oído, buscaba a una mujer ?que estuviera criando? (dando de mamar) y se le pedía que echara una gota de leche adentro del oído. Y el dolor desaparecía.

Más eficiente que todo el San Juan de Dios es el ajo; y más útil que el IGSS es la cebolla. Los dos sirven como cataplasma para quemaduras y emplasto para los mezquinos (lamentablemente no hay remedio para la gente mezquina), artritis, tumores y úlceras; catarro, influenza, bronquitis, verrugas e infección de garganta.

Modo de preparación: machaque la cebolla o córtela en cuatro, échele azúcar y déjelo al sereno toda la noche, el jugo se lo da a los niños con tos. Si eso suena asqueroso, más lo sería la bebida hecha de aceite de castor con apazote, diseñada exclusivamente para lombricientos, y que era propinada cada seis meses por las ?boticas? de las fincas (hoy dispensarios) y entregada por los ?empíricos? (¿hoy enfermeros?).

Las mujeres, después de ?componerse? (dar a luz), pasaban 40 días sin salir del cuarto, en cama; como no podían bañarse, una persona que no fuera el marido le pasaba aceite por todo el cuerpo para limpiarla. No debía ser el marido, no por asuntos de la curación, sino porque la abstinencia era total: cero sexo y nada de deporte.

Docenas, cientos de torturas -digo, de remedios- eran aplicados por nuestros mayores para los males más comunes. Hoy, los farmacéuticos lo meten todo en una pastilla y le engañan a usted diciéndole: ?Pastilla roja, para la gripe?, ?Pastilla azul, no le da sueño?, ?Pastilla tal, para la garganta y la sinusitis?, etcétera.

Mejor sigamos con algunos ejemplos de estas prácticas que, en algunos casos, parecieran ritos ancestrales mayas celebrados por nuestros abuelos:

Si la fiebre no paraba, la gente abría un zopilote por el centro y sangrando se lo pasaba por los pies al enfermo.

Para la mollera con hoyo: calentar alucema, jalar el humo con la boca y soplar la mollera.

Para levantar las varillas: meter los dedos con aceite entre el cielo de la boca. Glosario: Mollera con hoyo: frente con señales de desnutrición. Varillas: adentro de la boca (parte superior).

Para tener buena vista, la gente se tomaba un par de ojos crudos de toro, todas las mañanas, o se vitaminaba con un vaso de sangre del mismo animal.

Cuando alguien se cortaba, encima le ponían telas de araña. Sí, arañas de verdad (de esas que trepan por las paredes); pero mejor si se tenía gas al alcance de la mano, nada mejor que dejar caer un chorro sobre la llaga o poner telas de cebolla.

Cuando un niño se rompía la boca, llegaba llorando con la sangre entre los dientes ante su mamá y ésta lo tiraba del brazo, dando gritos los dos se iban hacia el comedor, ella agarraba un buen poco de azúcar y se lo metía al niño dentro de la boca. El azúcar, al igual que la tela de cebolla, coagulan.

Vamos a suponer que el mismo niño se daba un golpe en la cabeza, para impedir que de allí le saliera un chinchón (chichón), se le sobaba con una ficha de a 25 centavos hasta reducir cualquier bulto. ¡Eso dolía una maldita maldición! Tal práctica aún se aplica en ciertos hogares.

Dejamos por ahora aquí esta sangrienta nota, pues los remedios caseros son tan vastos que la continuaremos en su parte final el domingo 22 de septiembre del año 2002 del Don.

ESCRITO POR: