Vida

“El arte es una canasta vacía”

Carlos Capelán, reconocido a escala internacional por sus instalaciones, que crean una atmósfera de gran impacto en los espectadores, visitó Guatemala en el marco de la XVIII Bienal de Arte Paiz, que finaliza el 1 de julio.

imagen de la instalación del artista uruguayo

imagen de la instalación del artista uruguayo

Capelán ofreció un taller acerca de las posibilidades de la representación del arte, y el resultado de este fue expuesto en la Bienal. Acerca del trabajo artístico, en general, habla en la siguiente entrevista.

Usted ha dicho que “arte” es una canasta vacía, una vitrina con un foco en donde todo adquiere un “aura” que lo transforma. Entonces ¿el arte no tiene fronteras?

Tiene fronteras, y no todo es arte, pero puede trascender. No tiene fin ni intención, no es una cosa ni una persona. Cuando te pasan la canasta del arte, ya viene llena de cosillas que son accesorias. Ahora, si la vacías, te autorizas para poner en ella lo que puedes transportar de un sitio a otro: de lo simbólico cotidiano a lo simbólico formal. Es una vitrina.

¿Por qué una caja de zapatos tirada en el piso de un museo o un par de pelotas pinchadas pueden ser arte?

Porque lo dicen los museos. Todo lo que logra entrar en la instancia oficial del arte se transforma en arte, porque entra en un sistema, la vitrina de la cual hablamos antes. Esa caja o esas pelotas puestas afuera no valen nada, pero Gabriel Orozco vendió las pelotas pinchadas en US$500 mil. La vitrina cumple varios objetivos porque hay un mercado del dinero, un mercado del prestigio, un mercado del sentido. Si la vitrina nos enseña que una caja de zapatos y dos pelotas pinchadas son un hecho estético, entonces la vitrina funciona. Si lo que nos enseña es que tienen el valor monetario de US$500 mil, su función es otra. Cuando conviertes esa experiencia estética en un valor monetario —sobre todo si es muy alto—, lo monetario se sube sobre lo simbólico. Estas relaciones son complejas y la gente sin preparación las confunde mucho.

¿Cree que el arte puede ayudar a conectar los abismos insondables que hay en Guatemala?

Lo que sucede con Guatemala es que se trata de un país ambivalente: por un lado, profundamente católico; por el otro, profundamente marxista. Sí, es marxista, porque aquí se le da prioridad a la producción económica. Lo simbólico queda en segundo lugar, y eso es marxismo puro.

Para Guatemala sería importantísimo dar un giro: invertir en educación, que es producción simbólica. No una educación mecánica, sino una educación que enseñara a conectar, a relacionarse, a crear. En este país no parece existir esta “necesidad de verse representada”. A las galerías y exhibiciones apenas asiste un gueto, que es siempre el mismo. Pero percibo de Guatemala que hay una enorme capacidad de aprender por parte de los jóvenes. La movilidad de las ideas es muy poderosa y hay una necesidad vital por aprender. Tratemos de que los jóvenes tengan un lenguaje para entenderse, para explicarse, infectémoslos de esto y, sobre todo, hagámoslo de buena fe.