Política

Mario Taracena | "Traigo la política en los genes"

Mario Taracena es el nuevo presidente del Congreso de la República, un cargo que le llevó más de 30 años en la politica alcanzar. Esta es una entrevista concedida a Prensa Libre en 2013, donde cuenta detalles de su polémica y particular forma de hacer política.

Por Jessica Gramajo

Mario Taracena es el presidente del Congreso, electo por el período 2016-2017. (Foto Prensa Libre: Hemeroteca PL)
Mario Taracena es el presidente del Congreso, electo por el período 2016-2017. (Foto Prensa Libre: Hemeroteca PL)

Aunque creció en “una buena cuna”, la personalidad de Mario Taracena, diputado de la Unidad Nacional de la Esperanza (UNE), lo ha convertido en un político polémico, “porque no tengo pelos en la lengua, digo las cosas como las tengo que decir, y eso no les gusta a muchos”. Taracena atribuye a su personalidad el haber permanecido en la política por más de 30 años, pero también a “ser mejor exesposo que marido”.

Agrega que se ha dedicado a la actividad partidaria por convicción y tradición familiar. “Traigo la política en los genes”, dice el cofundador de la extinta Unión del Centro Nacional (UCN) y del Partido de Avanzada Nacional (PAN), donde militó 19 años.

Aquí puede leer la entrevista en su versión original.

¿Cómo comenzó su ejercicio político?

Comencé en la Unión del Centro Nacional, partido del que fui fundador (en 1983). También fui fundador del PAN (1989), donde milité 19 años. Salí de allí porque el hoy perseguido político Rubén Darío Morales entró en conflicto conmigo porque rechacé sus transas y negociaciones oscuras. El tiempo me dio la razón, pues ahora está en los tribunales por ladrón, y en aquella época yo se lo señalé y por eso me vi obligado a renunciar del PAN, a pesar de haber sido fundador.

¿Y por qué se retiró de la UCN?

Estuve desde su fundación en 1983, y después entré en un conflicto con Jorge Carpio Nicolle —secretario general, asesinado en 1993—, porque la rosca que estaba con él hizo una serie de letras donde hipotecaron al partido y se lo entregaron a él y yo estuve en contra de eso.

Pero en los partidos suele haber una figura dominante.

Los partidos son instituciones de derecho público y no deben tener dueño. A pesar de que entendí el liderazgo de Jorge Carpio Nicolle, él no tenía por qué sentirse dueño del partido. Me opuse tanto que hasta fuimos a tribunales y le gané el juicio. Trataron de expulsarme, pero no pudieron. Luego de ganar el juicio, renuncié.

Mi carta de renuncia decía: “Renuncio porque no tengo vocación de esclavo”.

Ese fue el primer juicio político que hubo después de la constituyente, fue mi primera prueba de fuego que tuvo la Ley Electoral.

¿Por qué empezó en la política?

Cuando empecé tenía como 24 años, y tomé mi primer cargo político a los 26 años, cuando llegué a la Asamblea Nacional Constituyente.

Comencé en este rollo porque traigo la política en los genes. Vengo de una familia eminentemente política. Mi padre, mis abuelos, mis tatarabuelos siempre han estado alrededor de la política.

Crecí en un hogar donde mi padre estuvo exiliado en dos oportunidades, y mi madre nos decía “no se metan en la política”. Pero a pesar de ello siempre se habló de política.

A los 19 años le dije por primera vez a mi papá que quería ser político, y me dijo que con gusto, pero que terminara mi carrera —de Administración—, y le hice caso. El día que gané mi privado me notifican que paso a ser miembro del Comité Ejecutivo de la UCN.

¿Con quién militaba su padre?

Fue una persona eminentemente política. Entró con la Liberación. Fue fundador del Movimiento de Liberación Nacional (MLN). Después se peleó con ellos porque lo acusaron de comunista, y se retiró de la política 30 años. Un hombre muy hábil.

¿Por qué estuvo exiliado su padre?

Porque era enemigo de —Miguel— Ydígoras Fuentes —presidente 1957-1961—, por injusticias y por ser combativo, valiente y claro en sus ideas.

¿Cómo fue su niñez?

Yo sí tuve patines, tuve bicicleta, fui a Disney, crecí en una familia económicamente bien. Eso me dio una buena visión, un buen roce social, buenas amistades y de todo, pero eso no implica que no tenga sensibilidad social.

A nosotros nos pasó algo importantísimo, y es que mi padre cada vez que nos quería esconder por sus problemas políticos nos mandaba a la vivienda de la muchacha de la casa, y no a la casa patronal, si no que a la de los colonos y convivíamos con los hijos de los obreros, y eso nos dio una relación muy bonita, eso nos permitió rozarnos bien con las clases medias y bajas, y con las altas también.

¿Qué piensa del filósofo Carlos Marx?

Caduco. Es un teórico aburrido.

¿Y de John Smith, fundamental para los libertarios?

Igual, todos esos son aburridos. Soy de una generación en la que crecimos pensando que las ideologías hay que dejarlas a un lado, que hay que ser más pragmático, que el hambre es hambre en la izquierda o en la derecha o en el centro.

¿Alguna anécdota que recuerde de su infancia?

En uno de los exilios de mi papá, él no podía venir a vernos, pues Ydígoras había hasta mandado a poner afiches en donde ofrecía una recompensa de Q10 mil. Tampoco nos daban pasaportes para salir del país, así que un día me obligaron a tomarme un vaso de leche que tenía algo para dormir, pues la idea era sacarnos en un vehículo con doble fondo, el problema es que a mí no me gustaba la leche, y recuerdo que lloré mucho porque no quería beberme la leche. Al final me obligaron, y cuando desperté estaba en El Salvador, con mi padre.

¿Por qué cree que es considerado polémico, y algunos hasta lo califican de perro rabioso?

Creo que soy muy franco, digo las cosas como son. Luego de 30 años de hacer política nadie me puede machucar la cola.

Lamentablemente es un mérito en Guatemala, he sido un hombre honrado, nunca he sido cuentadante ni he manejado fondos del Estado. Siempre he sido diputado, dediqué mi vida al Congreso y me he dado el gusto, y ahora más de viejo, de poder decirle lo que quiera a cualquier diputado.

Pero hay señalamientos de corrupción de la UNE, su partido.

Duele cargar muertos que no son de uno. Hubo gente que no hizo bien las cosas.

¿Usted sí las hizo bien?

Yo sí, y lo sigo haciendo.

Pero tiene denuncias hasta de acoso sexual.

Eso es un juego político malintencionado.