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Niños no escapan a ola de violencia

El 10 por ciento de las muertes asociadas a hechos criminales que reporta el Instituto Nacional de Ciencias Forenses de Guatemala (Inacif) durante el primer trimestre de este año corresponden a menores de edad de entre 0 y 18 años.

Por Geldi Muñoz Palala

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Un niño de 14 años y su madre, Claudia Marina Saquic, murieron a balazos el pasado 15 de marzo y quedaron junto a la carreta con el producto que vendían. (Foto Prensa Libre: Hemeroteca PL)
Un niño de 14 años y su madre, Claudia Marina Saquic, murieron a balazos el pasado 15 de marzo y quedaron junto a la carreta con el producto que vendían. (Foto Prensa Libre: Hemeroteca PL)

Fuentes consultadas muestran preocupación por la situación de vulnerabilidad en que viven los menores de edad en el país, ya que incluso ni en sus hogares o centros de estudio viven seguros.

De acuerdo con el reporte de necropsias practicadas de enero a marzo últimos, 138 de las mil 374 fueron a menores de edad, equivalente a un 10 por ciento.

La principal causa de muerte fueron armas de fuego, ya que reportó 80 casos. Le siguen 24 por asfixia por sumersión o ahogamiento —el Inacif considera susceptible de investigación criminal— y 17 por suspensión —ahorcados—.

Los datos reflejan que el departamento de Guatemala reporta más hechos violentos, con 63 necropsias a menores, seguido de Petén, con nueve; Escuintla, ocho; Santa Roca, siete; Chimaltenango, seis; y Jalapa y Zacapa con cinco.

Durante el 2015, el Inacif practicó 640 necropsias a menores de edad, de las cuales 435 fueron por arma de fuego. Las muertes de menores de edad representó ese año el 11.2 por ciento, del total de autopsias por hechos violentos —cinco mil 718—.

Análisis

Un informe presentado por la Procuraduría de Derechos Humanos (PDH), con datos del Inacif, indica que de las muertes de menores de edad, 11 corresponden a primera infancia —entre 0 y 6 años—, 12 a niños comprendidos entre 7 y 12 años, y 116 a adolescentes de entre 13 y 17 años.

La PDH señala que el total de necropsias practicadas en el primer trimestre de este año refleja que los lunes y domingos son los días en que se registra más violencia.

Asimismo, indica que los departamentos con más casos de violencia son Guatemala, Escuintla, Petén, Izabal y Chiquimula.

Según el informe de la PDH, durante el primer trimestre del 2015 se reportaron 31 muertes de niños de entre 0 a 13 años, y 110 de entre 14 y 17 años, lo que hace un total de 141.

Sergio René Rodas Muñoz, jefe del Departamento Técnico Científico del Inacif, informó que la mayoría de muertes violentas en menores de edad se debe a heridas producidas por proyectil de arma de fuego y regularmente las víctimas son mayores de 15 años y los más próximos a los 18.

“En niños no son muy frecuentes (...) Cuando suceden muertes en menores de 15 años, regularmente se dan como casos accidentales o fortuitos. Al decirles accidentales me estoy refiriendo a que ellos están presentes en un hecho armado y casualmente reciben un impacto o más de uno, pero no es ataque directamente a ellos”, explicó.

Sin protección

Gloria Castro, defensora de la Niñez y Adolescencia, señaló que son alarmantes las cifras de muertes y considera que, en cuanto a seguridad ciudadana, el Estado está en deuda con los guatemaltecos, porque su deber es proteger la vida de cada uno, en especial de la niñez y la adolescencia.

Castro afirmó que llama la atención que la mayor cantidad de muertes es causada por arma de fuego.

“Creo que tiene que ver con la falta de políticas de prevención, del tema de cómo se obtienen las armas, cómo se arman las personas en este país, qué es lo que está sucediendo con esto, que a pesar de que organizaciones no gubernamentales desarrollan una serie de campañas para que las personas no utilicen armas, vemos que son ineficientes”, dijo.

Castro recordó que a veces las muertes ocurren porque existen personas que portan arma para defenderse de la delincuencia; los delincuentes las utilizan para cometer delitos, y en algunos momentos las personas con armas no tienen control de sus emociones y disparan al aire, con lo cual violentan la vida de un menor de edad.

Leonel Dubón, de Refugio de la Niñez, señaló que es preocupante que la edad de las víctimas menores ha disminuido, pues hay más casos de niños de 4 o 6 años muertos por arma de fuego, arma blanca o estrangulamiento.

“Esto no se daba tan recurrentemente, era de manera aislada. Un caso de un niño tan pequeño que fue acribillado en enero es que él estaba viendo televisión y allí recibió cuatro impactos de bala, o el de la semana pasada, cuando atacaron a dos estudiantes en Villa Nueva”, refirió.

Dubón subrayó que también alarma que no haya espacios seguros ni en la propia casa ni en el ámbito escolar.

“Tenemos el caso de oriente, donde asesinaron a un maestro y todos los niños estaban expuestos (...) Pareciera que la violencia ya no distingue entre los niños y los adultos, que quienes ejercen la violencia en general en el país lo están haciendo de manera pareja”, enfatizó.

En el análisis que Refugio de la Niñez efectúa con datos del Inacif, registra 179 muertes de menores de edad, ya que incluye de 0 a 19 años, en el cual se muestra que 157 casos corresponden a muertes causadas con arma de fuego.

Hipótesis

Luis Fernando Mack, sociólogo, considera que en todas partes del mundo es prioridad el cuidado y atención de los niños y adolescentes, pero en países violentos como Guatemala se necesitan más medidas de protección.

Mack opina que una hipótesis del aumento en muertes violentas de menores podría ser de un fenómeno que ha ido en incremento —pero que habría que investigar un poco más—, y es el caso de los ninis —jóvenes y adolescentes que ni trabajan ni estudian—, que buena parte de su tiempo lo pasan en la calle o con amigos.

Agregó que el aumento de muertes podría deberse a mayor actividad de las pandillas y de grupos delincuenciales que, en la práctica, han crecido porque estos grupos tratan de cautivar a los jóvenes y adolescentes que no son atendidos y que no tienen oportunidades laborales ni de estudios. “Eso podría ser un indicador de una situación de aumento de riesgo para jóvenes y adolescentes”, comentó.

Agregó que el Gobierno no solo debe atender, sino proteger a los menores, para que no sean víctimas de estos hechos violentos.