Internacional

Las huellas de Women on Waves, la oenegé holandesa pro aborto

La organización holandesa Women on Waves a cargo de Rebecca Gomperts lleva más de una década tratando de ayudar abortar a mujeres en países donde no está permitido.

Por La Haya/AFP

El barco Langenort fletado por la oenegé Women on Waves antes de vijar a Polonia en el 2003.
El barco Langenort fletado por la oenegé Women on Waves antes de vijar a Polonia en el 2003.

Hasta fines de los noventa Rebecca Gomperts era una joven médico holandesa vinculada a Greenpeace. Sin embargo, su vida dio un vuelvo tras un viaje de la oenegé ambientalista a México, donde conoció a una niña pequeña que se hacía cargo de sus hermanos, ya que su madre había muerto de un aborto clandestino.

Luego en Costa Rica y Panamá un grupo de mujeres le habló de los peligros a los que se sometían miles de jóvenes al intentar interrumpir sus embarazos de forma casera. Según la OMS, en el 2008 se hicieron 21.6 millones de abortos inseguros en todo el mundo.

Ese viaje a América lo cambió todo para Gomperts. A su regreso a Holanda, hizo un análisis legal para determinar cuánto podía hacer para ayudar a las mujeres a abortar sin perjuicios con la justicia. Así nació Women on Waves, la oenegé pro aborto que en una primera etapa facilitó a las mujeres de distintas partes del mundo el uso de medicamentos abortivos de bajo impacto como el Misotrol bajo una impresionante modalidad y despliegue.

Considerando que en Holanda el aborto es legal, Gomperts, joven médico y un grupo de colaboradores arrendó un barco en ese país con el que se trasladaba a puertos de países donde el aborto es ilegal. A la embarcación subían las mujeres con necesidad de interrumpir sus embarazos y se les trasladaba a aguas internacionales donde se les suministraba el medicamento misotrol con asistencia médica. La tripulación estaba conformada por un ginecólogo una enfermera y una vigilante. En la proa se instaló la sala ginecológica.





La modalidad tardó poco en ser conocida y controvertida. Según una nota del The New York Times, con el fin de evitar controversias por el contenedor que se instaló en el barco como pabellón,  Gomperts contactó a Joep van Lieshout, un artista holandés que diseñó la improvisada clínica con fondos del Consejo Nacional de las Artes. Así, cuando las autoridades cuestionaron la instalación,  van Lieshout certificó que en realidad se trataba de una instalación de arte. De hecho la obra fue luego exhibida en la Bienal de Venecia.

Gomperts luego cambió la modalidad de trabajo de Women on Waves y armó una red internacional para facilitar la entrega de los medicamentos a través del correo. El sistema ha sido usado en Chile  donde es cada vez más conocido el trabajo de la organización. 

Durante junio del 2012, en algunas ciudades de ese país, se empapelaron murallas con letreros con instrucciones para que mujeres y jóvenes pudieran realizarse abortos seguros a través del consumo de Misotrol, un fármaco que  se encuentra en la lista de la Organización Mundial de la Salud de Medicamentos Esenciales desde el 2005.

Experiencias en otros países

El sitio web de la fundación Women on Waves ha creado un enorme interés público por sus esfuerzos y ha realizado campañas exitosas en Irlanda (2001), Polonia en el 2003, y Portugal en el 2004 y España en el 2008.

En Portugal, el barco de la oenegé Women on Waves se quedó en aguas internacionales, a 12 millas de Figueira da Foz un pequeño pueblo de veraneo en Portugal, del 28 de agosto hasta el 9 de septiembre del 2004. El barco estaba siendo bloqueado para entrar en las aguas portuguesas por dos buques de guerra portugueses.

El Tribunal Europeo de Derechos Humanos dictaminó que el artículo 10, que garantiza la libertad de expresión, fue violado cuando el gobierno portugués envió buques de guerra para evitar que el barco de Women on Waves entrara en Portugal en el 2004.

Polonia dio marcha atrás en octubre del 2016 en su intención de prohibir casi en su totalidad el aborto. El Parlamento ha desestimado la iniciativa popular que imponía penas de cárcel a quienes lo practicases después de miles de mujeres vestidas de negro se echaran el lunes a la calle, un acto que ha tenido una enorme repercusión en este país de raigambre católica. La jornada de protestas ya se conoce como el Lunes Negro.

En España, después de 2 años de la fundación holandesa Women on Waves, el Senado español aprobó una nueva ley sobre salud sexual y reproductiva, que relaja las restricciones al acceso de las mujeres al aborto en el 24 de febrero 2010.

La ley permite el aborto bajo cualquier circunstancia, hasta 14 semanas de gestación y se declara el procedimiento un derecho de la mujer. También permite el aborto hasta 22 semanas si dos médicos certifican que el embarazo representa una seria amenaza para la vida de la mujer o su salud, así como en los casos de malformación fetal, y más allá de 22 semanas en casos de malformación fetal grave. Anteriormente, el aborto seguro era ampliamente disponible en España, pero era legal sólo para salvar la vida de una mujer, o para preservar su salud física y mental.

El primer país al que navegaron fue Irlanda, en el 2001. En aquel entonces (y hasta el día de hoy), era de los países europeos con las leyes más restrictivas en torno al aborto. A pesar de ello (o quizá por ello), había una comunidad importante de organizaciones a favor del derecho a decidir de las mujeres que mostró un interés por el proyecto de Gomperts.

La versión irlandesa de Women on Waves se formó con un poco más de cien personas voluntarias (una cantidad notable si se considera que las que originalmente iniciaron el proyecto en Holanda fueron 11). Se encargaron de toda la logística para que la visita fuera un éxito.

La organización holandesa, sin embargo, enfrentó un obstáculo importante antes de poder llegar a puerto: conforme a la ley de Holanda, para proveer servicios médicos de aborto después de los 45 días de embarazo, se requiere contar con una licencia. Si bien no planeaban utilizar el medicmento misoprostol y la mifepristona más allá de este plazo, prefirieron solicitar el permiso. En pleno viaje se desató un debate en el Parlamento holandés sobre sus actividades.

Sin contar aún con la autorización expresa, decidieron abstenerse de proveer el servicio por miedo a ser castigadas al volver. Todo lo demás (información, consejos, ultrasonidos, anticoncepción), sí lo pudieron ofrecer al llegar a Irlanda.