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28/12/11 - 00:00 Opinión

CATALEJO

Acuerdos de paz, 15 años

MAÑANA SE CUMPLEN 15 años de la firma de los acuerdos de paz. La fecha se integra a la gran lista de acontecimientos históricos no solo poco conocidos, sino lamentablemente sin interés de saberlos y sobre todo comprenderlos. A este analfabetismo histórico han contribuido de manera absoluta las características de la historia nacional, plagadas de gobiernos autoritarios cuyas características comunes incluyen la de haberse perpetrado largos años en el poder. Rafael Carrera, Justo Rufino Barrios, Manuel Estrada Cabrera y Jorge Ubico integran de hecho una especie de pentarquía.

MARIO ANTONIO SANDOVAL

Ninguno de ellos se interesó en permitir a la población el conocimiento de una historia del país medianamente balanceada. Fue una historia escrita por dictadores.

LOS ACUERDOS DE paz pusieron fin de manera oficial al largo conflicto armado interno, gracias en mucho a la insistencia de países extranjeros. De hecho, las acciones armadas directas habían terminado o se habían reducido al mínimo desde hacía varios meses. De esta lucha fratricida, con sus miles de víctimas inocentes, también se sabe muy poco: sus orígenes, los primeros dirigentes alzados en armas, todos militares; cómo se desarrolló la lucha en realidad, cuáles eran verdaderamente la relación de fuerzas, la posibilidad de un triunfo guerrillero al estilo de Cuba o Nicaragua, o la integración de los diversos grupos alzados en armas, con sus dirigentes divididos en el pensamiento político ideológico de cómo llevar a cabo la lucha.

IGUALMENTE, LA MAYOría de la población ignoró cómo estaba organizado el Ejército, quiénes eran sus dirigentes y cómo se realizaba el proceso interno de relevos en los mandos. En esta confrontación se cumplió a cabalidad el viejo refrán según el cual en una guerra, la primera baja es la verdad. Me tocó reportear muchas acciones guerrilleras, sobre todo las desarrolladas cuando la confrontación se concentró en la ciudad, a finales de los sesentas y principios de los setentas. Por eso pude darme cuenta de cómo actuaban ambos bandos. Y pude ver asesinatos, algunos atroces, perpetrados porque los jefes de cada facción consideraban válidas todas aquellas acciones cuyo efecto era la eliminación física de sus adversarios ideológico-políticos.

LA GUERRA INTERNA DE Guatemala continuó por siete años más luego de la caída del muro de Berlín y la desintegración soviética. Por eso es posible señalar a la confrontación guatemalteca como un curioso ejemplo de anacronismo. Los salvadoreños ya habían firmado la paz, a pesar de la evidentemente mayor fuerza de la guerrilla local, al menos en cuanto a influencia geográfica. En Nicaragua, los sandinistas habían sido expulsados del poder por la fuerza de los votos y cedieron el mando a Violeta Chamorro, quien gobernó de 1990 a 1997. Nadie parecía haberse dado cuenta en Guatemala de los cambios del mundo, a pesar de los esfuerzos del grupo Contadora, de países amigos, y del invaluable aporte de los acuerdos de Esquipulas en 1997.

LOS ACUERDOS DE PAZ, firmados en 1996, no se pueden entender si se desconoce la historia guatemalteca, al menos la del siglo XX. Otra nota curiosa es el desgano del presidente de entonces, Álvaro Arzú, por firmarlos. También la incomprensión de muchos militares acerca de las razones para hacerlo, y considerar esa firma como una derrota, cuando en realidad era una victoria. Pero eso es cuestión del análisis de cada quien. Yo recuerdo haber estado en Río Dulce ese 29 de diciembre, viendo por televisión —una transmisión muy pobre, por falta de antena— y haberme preguntado al ver la firma de papeles, si en realidad valió la pena todo ese costo de dolor y sangre. En ese sentido, todos fuimos derrotados, todos fuimos perdedores.

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