Opinión

Adiós, solidaridad

El año acaba. Como también acaba el autodenominado “Gobierno de Solidaridad”. El presidente Colom dice retirarse “bien contento y, sobre todo, con la conciencia tranquila”. Agrega que “hicimos algunos cambios de fondo, como visualizar a los pobres”, pero las encuestas no parecen coincidir con su positiva autoevaluación. Lo del presidente Colom fue, como dijo en su discurso inaugural, lo del “privilegio de los pobres”. No era, sacarlos de la pobreza, sino usar el Presupuesto Nacional para redistribuir la riqueza que alguien más produjo.

Por JOSÉ RAÚL GONZÁLEZ MERLO

<p>José Raúl González Merlo</p>
José Raúl González Merlo

“Visualizar” a los pobres no era darles un empleo, sino una bolsa solidaria. Darles un empleo productivo no solo era más complicado, sino implicaba crear condiciones para que el sector privado creciera. Esto último no era lo más popular dentro de sus colaboradores, especialmente los “peludos” como se llamaba a los ex URNG para quienes el sector privado es y será siempre el enemigo.

“Visualizar” a los pobres significó, en palabras de la esposa del presidente, enfrentarlos contra aquellos “que comen cinco veces diarias”. El principal problema de Colom no fue haber querido “ayudar” a los pobres, sino haber permitido que la maquinaria política de la UNE, liderada por su esposa, aprovechara los recursos del Estado para su beneficio personal político-electoral. La campaña política más cara de nuestra historia no fue la de Otto Pérez, sino la de Sandra Torres, quien tuvo a su entera disposición los recursos del Presupuesto Nacional. El costo fue altísimo; tanto para los ciudadanos como para el mismo presidente Colom, quien tuvo que sufrir el ridículo y el dolor personal de un divorcio alimentado por las ilimitadas e inescrupulosas ambiciones políticas de su esposa. Se tuvo que recurrir a la Corte de Constitucionalidad para rescatar la institucionalidad impidiendo la ilegítima candidatura de la nueva “madre soltera”.

Colom dice “haber hecho mucho por los pobres”, pero lo suyo no fue la seguridad ciudadana. Cinco ministros de Gobernación y un récord poco envidiable de muertes diarias son testigos de la poca preparación que mostró en ese campo a pesar de 12 años de campaña política. Ante la trágica falta de resultados, su defensa fue la de victimizarse una y otra vez. Desde micrófonos en su oficina, pasando por conspiraciones para derrocarlo hasta campañas negras en la prensa. Siempre fue culpa de alguien más. Al final su legado no fueron 700 mil empleos, sino haber heredado la deuda más alta en la historia de nuestro país, producto de las aventuras keynesianas de su ministro de Finanzas. Agregue a eso un sistema educativo en manos de Joviel Acevedo; más envalentonado y poderoso que nunca, y un nuevo sindicato, de última hora, en el Ministerio de Gobernación, no precisamente para hacer más eficiente la seguridad ciudadana.

Presiento que la historia juzgará a Colom con severidad. Especialmente luego de que inició su gobierno calificando al de Óscar Berger como “el peor de nuestra historia”. Hay que tener cuidado con tirar piedras; sobre todo cuando se tiene techo de cristal…