Opinión

LIBERAL SIN NEO

Entendiendo a Todd

Fritz Thomas

Fritz Thomas

En la antigua República de Roma, el término procónsul se usaba para designar al gobernador de alguna de sus provincias, nombrado por el senado por un período de un año. El procónsul, lo que hoy entenderíamos como una especie de magistrado, actuaba con plenos poderes en representación de la República. El uso moderno del término procónsul se refiere a una persona de un país que gobierna a otro país, o interfiere en sus asuntos internos. Procónsul evoca otro significado, que es “el poder tras el trono”, pero no son sinónimos.

Me atrevo a llamarle Todd, en lugar de Señor Embajador, porque él se ha mostrado muy campechano; no hago más que corresponder. ¿Es Todd Robinson, Embajador de los Estados Unidos en Guatemala, un procónsul? De lo que no hay duda es que interfiere de manera muy activa en los asuntos políticos del país. Esto puede inferirse de sus propias palabras y de lo que se ve y escucha públicamente en medios. No sé qué podría inferirse de lo que hace y no se ve, tras bambalinas, porque no lo veo. Claro que hay interferencia de la “buena” y de la “mala”; el problema es distinguir cuál es cuál. Cierto tipo de interferencia puede parecer buena a unos y mala a otros. Luego está el juicio de la historia; la interferencia puede verse como mala hoy y en el futuro interpretarse como buena, o a la inversa, tal es el caso del derrocamiento de Árbenz en 1954. La “Guerra contra las Drogas” tenía buena imagen hace unas décadas; hoy ya no se está tan seguro.

Creo que puede decirse que “la sociedad guatemalteca” ha visto con buenos ojos el respaldo que Todd ha dado a la Cicig, a las acciones contra la corrupción y a la persecución judicial de funcionarios y dignatarios corruptos. ¿Su presencia en el tribunal donde se realiza el circo judicial contra Ríos Montt? Quién sabe. En su tiempo, el Departamento de Estado quería evitar a toda costa que la insurgencia armada tomara el poder y que Guatemala entrara a la órbita soviética-cubana; hoy se lava la cara y participa en el linchamiento del General.

La semana pasada, Todd comentó en redes sociales que “espera que el Congreso apruebe todas las reformas sociales antes de las elecciones”. Agregó que “es lo menos que puede hacer para responder a las exigencias de la sociedad guatemalteca”. ¿De verdad? Quizás Todd confunde las exigencias del Departamento de Estado y de unos pocos grupos de presión y ONG —organizados, visibles y ruidosos— con las exigencias de “la sociedad guatemalteca”. Es probable que a la sociedad guatemalteca le gustara ver cambios y reformas de trascendencia. Pero de allí a afirmar que la sociedad guatemalteca “exige” las “reformas” que tiene enfrente el actual Congreso, hay un gran trecho.

Iván el Terrible, en cambio, pisa suelo más seguro, al comentar sobre “la voluntad colectiva que se expresa para rechazar la corrupción, el crimen organizado, la cooptación del Estado y la apropiación de los recursos públicos”. Pero no puede afirmarse con la misma seguridad que la sociedad guatemalteca exige el paquete de reformas —cambios estructurales mal concebidos— que algunos grupos de presión demandan que el Congreso apruebe a como dé lugar.

En río revuelto, quizás lo apropiado es que el actual Congreso quite las manos; no le toca, por falta de legitimidad y por la percepción que la sociedad guatemalteca tiene de él. Todd juega con fuego. Una cosa es apoyar aquello que es legítimamente correcto y moral y otra es imponer una agenda, con el canto de sirena de que esto es lo que exige la sociedad guatemalteca.

fritzmthomas@gmail.com