Revista D

Pasión por la investigación

Christopher H. Lutz Sus estudios sobre el período colonial han aportado luces para comprender los alcances del mestizaje y el racismo en Guatemala.

Por Ana Lucía González Foto Miguel López

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colonial Historia

Hace más de cuatro décadas, — 1970— el académico y filántropo estadounidense Christopher Lutz (1941) vino por primera vez a Guatemala con el objetivo de investigar su tesis doctoral en Historia por la Universidad de Wisconsin, Madison. Su estudio se centró en la demografía histórica del período colonial de Santiago de Guatemala, para lo cual analizó la evolución de la población y el mestizaje a lo largo de más de dos siglos (1541-1773).

Aunque reside en Estados Unidos, desde esos años no ha dejado de profundizar sobre esa etapa de la historia guatemalteca. Ha publicado más de 16 investigaciones y 30 coediciones, además de infinidad de artículos académicos sobre la misma temática.

Junto a William Swezey fundó, en 1978, el Centro de Investigaciones Regionales de Mesoamérica (Cirma), en Antigua Guatemala, punto de referencia para los estudiosos de las Ciencias Sociales.

Además, fundó y financia la Editorial Plumsock Mesoamerican Studies, que publica la revista Mesoamérica y otras co-ediciones. También estableció la Maya Educational Foundation, que otorga becas a estudiantes mayas de Guatemala, Belice y México.

Lutz estuvo en el país a principios de este mes, para participar en la Tercera Conferencia Internacional Guatemala Scholars Network, que se llevó a cabo en la ciudad colonial.

A continuación, el resumen de una conversación sostenida con el académico.

¿Qué factores incidieron para que estudiara la historia de Guatemala?

Me interesé en una ciudad colonial hispánica, en parte por la influencia de mi profesor John L. Phelan, quien conoció personalmente a José Joaquín Pardo, en ese entonces director del Archivo General de Centroamérica.

Phelan quedó muy impresionado por lo que solíamos llamar “el fichero de don Joaquín”, un sistema de organización sin competencia. Que yo sepa, no hay nada parecido en el mundo, especialmente para una colección tan extensa.

Esto significó una gran ventaja

Determiné que había una interesante actividad demográfica. Había una población indígena extensa antes de la Conquista, y luego los colonizadores españoles trajeron esclavos negros. Entonces, me surgió interés por investigar el mestizaje de los tres grupos: negros, españoles e indígenas. Ese fue mi enfoque.

¿Qué factores provocaron el mestizaje?

Durante las primeras décadas no hubo mujeres españolas en América. Uno de los aspectos de la historia temprana es que muchos esclavos indígenas en Guatemala, México, Perú y el Caribe, mantuvieron bastante contacto con los españoles y lo mismo sucedió con los negros.

Se suele pensar que estos últimos eran inferiores, pero no. Tuvieron más oportunidad de socializar con la cultura española. Aprendieron el idioma, a veces fueron empleados como intermediarios para cobrar tributos o ser jefes de cuadrillas de trabajadores. Más tarde, los mulatos tuvieron mucha libertad.

“Se cree que la esclavitud fue restringida, pero no, las barreras no fueron tan rígidas como en Estados Unidos”.

Se cree que la esclavitud fue restringida, pero no, las barreras no fueron tan rígidas como en Estados Unidos.

De sus conclusiones sobre el mestizaje durante la Colonia salió a luz el tema del racismo, que aún persiste.

Causó malestar el estudio de las relaciones sexuales de españoles y mestizos con personas de ascendencia africana. Creo que se debió al predominio de prejuicios raciales especialmente contra los de origen africano.

Es un tema que no atañe solo a las élites del período colonial. Continúa hasta nuestros días e incluye a todos los niveles de la sociedad. Los libros de historia, como dice mi colega y amigo George Lovell, son trabajos en proceso. Cada vez, se añaden datos, es continuo.

¿Concuerda con las conclusiones de Severo Martínez Peláez en cuanto que “la Colonia promovió la consolidación de una estructura social que no ha sido revolucionada todavía...”?

En general, sí. Al inicio había una recepción bastante negativa de diversas personas, una batalla de opiniones. Yo sentía simpatía con la población indígena y pensé que La patria del criollo era muy fuerte y no daba una perspectiva con dignidad de este grupo.

Creo que Martínez Peláez cambió con el tiempo. Su análisis, en sobrados aspectos, es brillante y ahora concuerdo mucho más con él, que hace 40 años. Cantidad de personas comentan el libro sin haberlo leído. Pero la traducción al inglés de su obra me dio una perspectiva más profunda de sus argumentos.

¿Considera que la historia está llena de mitos, como el de Tecún Umán?

No he tenido la oportunidad de ver los libros escolares de historia, pero tengo la impresión de que se actualizan.

Según el historiador Robert Carmack, Tecún Umán existió, pero hay quienes tenemos muchas dudas. Probablemente murió en la primera gran batalla de la Conquista.

Las interpretaciones de J. Daniel Contreras y Francis Polo Sifontes, citan que los kaqchikeles fueron denigrados por apoyar a Pedro de Alvarado durante unos meses, para combatir a sus enemigos, los k’iqchés’.

¿Qué lo convirtió en un benefactor de Guatemala?

Tengo pasión por la investigación y tuve una gran conexión con Guatemala. Mi padre se casó con una señora de una posición económica acomodada en un segundo matrimonio. Ellos me ayudaron con mis estudios.

Mi papá me animó a venir aquí y hacer algo más aventurado e interesante.

Él no obtuvo un título, era impaciente. Yo, en cambio, creía que para lograr algo importante era necesario enfocarme y mantener la concentración.

Este es el caso de Cirma que, a pesar de los conflictos, ha logrado mantener sus puertas abiertas durante 37 años.

¿Qué lo motivó a fundar Cirma?

El doctor Luis Luján Muñoz fue mi mentor en Guatemala, cuando era director del Instituto de Antropología e Historia. En ese entonces, me comentó que muchas de las investigaciones arqueológicas de las universidades estadounidenses no se quedaban en el país.

Luego, el antropólogo estadounidense Richard N. Adams escribió algo sobre la responsabilidad de los académicos de ser más generosos y compartir sus investigaciones con los estudiosos latinoamericanos. Eso también me inspiró.

Durante los años del conflicto armado, ¿se vio obligado a salir del país por las condiciones políticas?

Sí, en enero de 1981 salí por una serie de amenazas. Fue traumático para mi familia. Hubo quienes pensaron que era comunista.

¿Qué provocó el cierre temporal de Cirma en el 2013?

Una serie de administraciones, desde los años 1990, provocaron grandes déficits financieros. Fue el uso y abuso del pasivo laboral. Se llegó a tener hasta 57 empleados sin los fondos para mantenerlos. Ahora solo tenemos 14, los mejores en su campo.

¿Usted es el principal donante de la institución?

Es la Plumsock Foundation, creada por mi padre y mi madrastra, en 1959.

¿Cómo piensa encauzar Cirma?

Deseo enfocarla hacia una misión académica sin banderas ideológicas. Desde el inicio, fuimos criticados por el mismo Martínez Peláez y la izquierda, quienes pensaban que éramos de la Agencia Central de Inteligencia (Cia), y los de derecha nos acusaban de ser comunistas.

¿Cual es su siguiente investigación?

Junto con los historiadores Jorge Luján Muñoz, Wendy Kramer y el paleógrafo Édgar Chután trabajamos el libro de Cabildo Segundo recién localizado en Nueva York. Continúo investigando con mis colegas sobre la pérdida de documentos en Guatemala.

Después de la independencia, hubo una gran pérdida de documentos históricos. Muchas cosas fueron prestadas, robadas o compradas. Hubo grandes archivistas, pero también criminales, lo cual se describe en el libro Saqueo en el Archivo escrito por Lovell, Kramer y Lutz.

Perfil

  1. Doctorado en Historia de América Latina, Universidad de Wisconsin, Madison. (1976).
  2. Cofundador del Cirma en 1978.
  3. Fundador en 1981 de la editorial Plumsock Mesoamerican Studies, donde editó la revista Mesoamérica durante 18 años.
  4. En 1992 fundó la Maya Educational Foundation, junto a Luis Enrique Sam Colop e Irma Otzoy.
  5. Ha publicado 16 libros de historia colonial de Guatemala y participado en 30 coediciones con otros autores.
  6. En 1998 recibió la Orden de los Cinco Volcanes otorgada por la Cancillería.