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Revelaciones: Intelectuales ante la historia
Por:
Margarita Carrera
Que los intelectuales han tenido un papel destacado en el desarrollo de la historia de Guatemala, es la tesis fundamental que Marta Elena Casaús Arzú y Teresa García Giráldez plantean en el libro "Las redes intelectuales centroamericanas: un siglo de imaginarios nacionales (1820-1920), excelentemente editado por F&G editores.
Ya en España, a finales del siglo XIX y principios del XX, aparecía la Generación del 98, cuya preocupación esencial era rescatar a España del aislamiento y decadencia en que se encontraba a raíz de la pérdida de sus últimas colonias. Durante esa misma época surgían, en Latinoamérica, intelectuales como Rodó, Mistral o Martí, a quienes seguirán de cerca los intelectuales centroamericanos.
Desde la literatura, el periodismo y el ensayo aparecen en El Salvador y Guatemala, escritores de la talla de Masferrer y Wyld Ospina, respectivamente, quienes contribuirían a forjar un pensamiento crítico y liberador que repercute aún hoy en día.
La atención de estas historiadoras es dirigida, especialmente, a "La Generación Cometa" de 1910 y a "La Generación de 1920", cuyos postulados rechazaban el positivismo racista dominante, propio del siglo XIX. Por ello, la preocupación central de algunos de sus representantes era "la incorporación plena de los indígenas a la ciudadanía".
Asimismo, abogaban por los derechos políticos y sociales de la mujer, teniendo en cuenta los postulados de "Las Sociedades Gabriela Mistral".
La función social de estos intelectuales estaba vinculada no sólo a la literatura y el periodismo, también a la universidad y ateneos que adoptaban una postura ideológica opuesta al poder establecido. Su objetivo: "denunciar públicamente la injusticia, la corrupción y las dictaduras", apoyando, al mismo tiempo, la búsqueda de la verdad, la justicia y los valores universales.
Nuevos Quijotes tratando de salvar el mundo, fueron sin duda algunos miembros de estas dos Generaciones. Y, como Quijotes, tenían una misión "Salvadora y regeneradora de la humanidad".
La crítica contra el Estado y la sociedad, estaba vinculada a los movimientos literarios como el modernismo y filosóficos como el humanismo de Unamuno y Ortega y Gasset. También incidían en su pensamiento el espiritualismo y la teosofía orientales, silenciados por el liberalismo y el marxismo.
El pensamiento político de estas dos Generaciones, antiimperialista y nacionalista, recogía los ideales de europeos como Henri Barbusse, Anatole France y Romain Rolland.
El discurso de la mayoría, eminentemente ético y humanista, era, sin embargo, limitado en cuanto al tema indígena. Casaús analiza las soluciones al "problema del indio" dadas por aquella época y que se manifestaban en dos opciones: a) invisibilizar a los indígenas (por el exterminio o mejora de la raza), b) incorporarlos a la ciudadanía con derecho al voto, dotación de tierras y respeto a su cultura.
Además, estas corrientes intelectuales influyeron en la formación del socialismo espiritual de Juan José Arévalo y en intelectuales de la Revolución de 1944, dentro de los que se podría mencionar a José Rölz Bennet, filósofo y humanista.
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