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Guatemala, 9 de abril de 2008

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La última entrevista de Rivera 

Durante toda la semana recién pasada, Víctor Rivera se mostró receloso a conceder una entrevista, por más que se le insistió. El lunes último, a las 18 horas, él mismo se comunicó con este diario para concertar una cita en un restaurante de la zona 15, media hora después.

Trayectoria

Víctor Rivera era un policía de carrera, especialista en crimen organizado.

• Tenía 62 años y cinco hijos. Estaba divorciado porque, según él mismo decía, compatibilizar la vida familiar con su profesión era muy complicado.

• Durante su carrera policial en Venezuela, su país natal, fue jefe de la primera unidad de investigación contra el crimen organizado, y colaboró con la CIA.

• Llegó a El Salvador en 1982, para investigar casos de secuestro, y dejó ese país en 1996, para la formación de una fuerza de tarea en Guatemala.

• Trabajó para los gobiernos de Álvaro Arzú, Alfonso Portillo y Óscar Berger.

• Fue destituido el 31 de marzo recién pasado.

Durante la charla sostenida una hora antes de su asesinato, afirmó: “El buen nombre es lo único que todos nos llevamos a la tumba”.

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Víctor Rivera no utilizaba palabras que no tuvieran algún significado. Leer entre líneas será muy útil para comprender en su totalidad la entrevista que concedió el lunes recién pasado, entre las 18.30 y las 22 horas, poco antes de su asesinato.

Una de las razones que supuestamente ha sustentado su destitución fue que usted, junto con su grupo de tarea, forman una estructura paralela.

Yo mismo me he preguntado hasta la saciedad de dónde sale la idea de que esto es una estructura paralela, si yo estoy contratado por el Estado y mi gente son policías. Somos una unidad de asistencia a la víctima y de seguimiento de casos, en ese contexto de análisis casuístico de modus operandi, para evidenciar estructuras criminales. Es importante que exista el concepto de lo que en realidad somos, una fuerza de tarea, pero hay personas que han pensado otras cosas, que somos el Pentágono; uno tiene que ser realista. Lo que sí tenemos es una extraordinaria voluntad y luchamos para conseguir la información para evidenciar la autoría del hecho criminal investigado y, en definitiva, nosotros terminamos produciendo un material al Ministerio Público (MP).

Se afirma que usted sólo trabaja casos de gente de dinero, y que cobra algún tipo de comisión.

Absolutamente falso; trabajamos tanto casos de gente de muchos recursos hasta de escasos recursos. Acabamos de sacar el caso de un señor de Chimaltenango, humilde, y ahí están la niña en casa y las órdenes de capturas solicitadas. Nos enteramos a medianoche, otros hubieran dicho: “Ah, hasta Chimaltenango; mejor mañana”. No, señor, a las 12 de la noche, que nos enteramos, nos fuimos, y a la 1 estábamos en un On The Run —en referencia a una tienda de conveniencia—; trabajamos todos. En la mañana, temprano, el padre de la víctima estaba poniendo la denuncia en el MP.

A usted nunca le ha gustado ser público, quizá por eso lo consideran una persona muy cerrada.

Es cierto, pero la coyuntura indica que hay que hacer expresión de lo que hemos sido y lo que hemos luchado y hecho. Por ejemplo, de El Salvador me ha llamado mucha gente asombrada, porque ahora les dicen que soy un delincuente, que asesiné al joven Vilanova y hui con una orden de captura.

¿De dónde cree que viene ese ataque tan directo?

En El Salvador, soy un malquerido... Espere, que traje mis chuletas (refiriéndose a sus apuntes). En 1984-1985, en El Salvador, se dieron secuestros interesantes. En 1985, secuestraron a Elí Bahalla, que es el actual designado a la presidencia de El Salvador de Tony Saca; a José Luis Tablas, a Benótulo, que vive aquí desde ese entonces; secuestraron a Víctor René Cordón, un guatemalteco que vivía en El Salvador y que era el representante de Vifrío, y al doctor Ortiz Mancilla, que había sido canciller de la República. Toda esta gente era y sigue siendo de la derecha salvadoreña. Cada uno de estos estuvo mínimo entre seis a nueve meses en cautiverio, no dos días. Al final del camino, con la liberación de Ortiz Mancilla, resultó que los secuestradores hacían lo posible para que las víctimas creyeran que era el Frente Farabundo Martí de Liberación Nacional (FMLN), pero no era verdad, era la derecha salvadoreña, la misma derecha secuestrando a sus mismos hombres, haciéndoles daño, en una guerra sucia para hacer creer que era un secuestro de la guerrilla.

¿Cree que le están haciendo pagar haber descubierto eso?

Ya vas a ver. Esto llevó como consecuencia órdenes de captura de coroneles, mayores, tenientes y gente que en aquel entonces era de Alianza Republicana Nacionalista (Arena). Incluso, allanamos la casa de Antonio Cornejo, secretario general de Arena. En ese momento, ¿en qué quedó Zacarías para la izquierda salvadoreña? ¡Era el rey!, porque nosotros evidenciamos que no era la izquierda, era la derecha imitando a la izquierda.

Incluso en el caso de la muerte de los parlamentarios salvadoreños dijeron que había sido la izquierda.

Sí, a mí también me filtraron esa información (...). Lo interesante es que algunos de estos coroneles se escaparon de El Salvador a Guatemala, y tomaban café en el local comercial de alguna persona que ahora suena. Ellos lo saben, y ellos saben que nosotros lo sabemos. Incluso, en aquella oportunidad, agarraron aquí a uno entrando en ese local comercial, y me lo entregaron en la frontera.

¿Por qué lo han asociado, entonces, con la contrainsurgencia?

Entre 1992 y 1993 se dieron otra vez unos secuestros importantes en El Salvador. Plagiaron a don Bili Sol, secretario de finanzas de Arena; a Guayo Salume, de empresas salvadoreñas; a Nelson Machuca, hijo de un ingeniero que durante el conflicto interno construyó muchas instalaciones militares, y también a Alberto Gil Dutrice, sobrino de los dueños de la Prensa Gráfica... y si les preguntan a sus papás quién estuvo al lado de ellos trabajando hasta que llegó Alberto durante nueve meses, fue el humilde Zacarías. Cuando se presentaron estos secuestros, yo estaba en otro país trabajando, y el agregado militar de El Salvador me fue a buscar y me dijo que el presidente Cristiani quería verme. Me reuní con don Bili Sol, que me dijo que no me preocupara, porque en esta oportunidad no iba a trabajar tanto; ellos sabían que el responsable era el Ejército, que le estaba pasando la factura a Fredy (Alfredo Cristiani) por firmar los acuerdos de paz.

Pero no era así.

Empezamos a trabajar, y al cabo de nueve y 10 meses le pedí una reunión al presidente, para decirle cómo íbamos y quiénes eran los secuestradores. No era la derecha, era el FMLN haciéndose pasar por militares, y el autor intelectual era don Schafik Handal, dirigente del Partido Comunista Salvadoreño. Antes, yo era el malo para la derecha y el bueno para la izquierda; con esto pasé a ser lo contrario. Pero más con menos, igual a cero, quedé como “el malquerido”.

¿Qué ha pasado con Frank en Guatemala? ¿A quién cree usted que ha molestado?

Vamos a analizar. Antes de salir de El Salvador en la segunda oportunidad, se da el problema de la muerte de Vilanova. Ya había conocido en El Salvador a representantes del sector público y privado de Guatemala, y ya habíamos hablado de que si Álvaro Arzú llegaba a la Presidencia, había posibilidad de venirme. Se da el caso Vilanova, en septiembre de 1995, y nuestra pequeña fuerza de tarea hizo un trabajo completo; a la fiscal la bajé al precipicio donde estaba el cuerpo, con arnés; fuimos los investigadores, no los investigados. Por eso me pregunto: ¿hasta cuándo nos van a echar el muerto? —fueron policías quienes asesinaron al joven, pero no pertenecían al grupo de Rivera—.

Y vino a Guatemala en 1996.

Aquí llegué con el gobierno de Arzú; me contrató porque yo necesitaba estar dentro del Estado para operar, para poder presentar los casos en los tribunales. Pero seguí trabajando con el gobierno de Alfonso Portillo, con el de Óscar Berger; hasta hoy. Siempre dentro del Estado, nunca he trabajado como investigador privado.

Pero trabajaba en el edificio Empresarial.

No tenía oficina en el ministerio, pero la mayor parte de las veces me reunía con la gente en sus casas, en lugares públicos, siempre donde ellos se sintieran más cómodos.

¿Por qué Carlos Vielmann, ex ministro de Gobernación, decidió que se trasladara al ministerio?

Fue decisión de él; yo trabajaba para Gobernación, pero nadie me había pedido que estuviera físicamente allí, pero el ex ministro Vielmann me quería más cerca.

Pero eso conllevó que se involucrara en casos que iban más allá de secuestros.

Siempre lo hemos hecho, nuestra unidad es de investigación contra el crimen organizado. Investigamos extorsiones, secuestros, asaltos a bancos y casos especiales. Entre esos, hay algunos de homicidios, pero es una unidad técnica, que cruza información, que analiza. El que venga a mi puesto no vaya a creer que va a encontrar una gran oficina con cien pantallas que, al apachar el botón, sale el nombre del asesino; no. Si tenemos que ir a pedir una licencia de conducir, uno de los muchachos va a la zona 6; si tengo que pedir datos de cuentas bancarias, hablo a algunos de los amigos, y me dan la información, pero es información técnica, y toda se la paso al Ministerio Público, siempre.

Uno de estos casos especiales es el de la muerte de los diputados salvadoreños. ¿Qué significó salir a la luz pública y meterse en un caso complicado?

El caso de los salvadoreños empezó como un caso de secuestro, porque un amigo común de los fallecidos me dijo que los habían secuestrado. La familia no se imaginaba que estarían en otro tipo de suerte, ni nosotros. Estábamos en carretera a El Salvador como a las 18.30 horas, cuando entonces nos llaman y nos avisan que hay una camioneta en llamas. Empezamos a buscar para llegar a ese sitio. Lo cierto fue que tristemente llegamos a la escena, con este amigo, y al ver la camioneta, las placas, nos dimos cuenta... Ese 19 de febrero había una brisa tremenda, se le metía a uno por todos lados, y por supuesto, aquella escena, y polvo de ceniza por todos lados.

Ahí llegó todo el mundo.

Llegó el ministro, llegó el fiscal general, estuve en comunicación con Tony Saca, venía Rodrigo Ávila; los esperamos. El Gobierno guatemalteco tomó la decisión, nos dijeron: “Comisario Rivera, queremos que su equipo trabaje este tema”. En ningún momento sospechamos nada de nadie, pero fue precisamente allí, en la escena, donde una autoridad salvadoreña dijo, in situ: “Si de algo les sirve, siempre he tenido la sospecha sobre Pichinte”. Acordamos reunirnos a las 4 horas, en el MP. Allí llegaron familiares de los señores diputados, que ya habían arribado al país, y estando allí el familiar de uno dijo: “Siempre le comenté a mi familiar que tuviera mucho cuidado y le cuestioné la reunión con Pichinte”. Eso lo afirmó una persona de El Salvador. Segundo flash. Y empezamos a trabajar. Ya conoces toda la historia, la individualización de escenarios de este equipo de trabajo, la individualización de personas, teléfonos, vehículos, armas, la solicitud de órdenes de captura, de análisis de la intercomunicación, la aprehensión de los señalados en el caso; todo lo ha hecho esta humilde fuerza de tarea.

¿Y la captura de Castillo está tan complicada?

Lo hemos buscado, hemos sugerido órdenes de allanamiento… Alguien me preguntaba si Erwin Sperisen —ex director de la PNC— y el doctor Javier Figueroa —ex director de investigaciones— también están involucrados. El MP ha llevado la investigación, pero si nosotros hubiéramos encontrado en nuestro capítulo investigativo indicios contra otras personas, hubiéramos pedido las órdenes de captura.

En algún momento, se dijo que Figueroa trabajaba con usted.

Pregúnteles a los oficiales, pregúnteles qué instrucciones tenían; en la práctica, estaba prohibida esa relación.

¿No le tenía confianza?

Hay una grave diferencia entre “un policía a la carrera” y un “policía de carrera” y, además, las cosas hay que manejarlas con profesionalismo y objetividad. Sentía que era un problema de estilo. Nosotros tenemos un estilo más conservador. Ahora, hay tres cosas que en el ambiente han asomado: lo primero que se nos cuestionan es ser herméticos con la investigación, lo segundo es ser encerrados en el trabajo y lo tercero, ser independientes. Pero toda la información la tiene el MP y el ministro de Gobernación, siempre.

Pero el ministro ha dado unas declaraciones en las que comentaba que usted no estaban llevando muchos casos, sólo algunos de extorsión.

Está bien; ahí vas a ver los informes. Tengo 43 años de vida policial, 43 años trabajando entregado a la vida policial.

Algunos se preguntarán por qué tanta entrega si después no es valorada...

La entrega es por cinco razones: la primera es por convicción, la segunda por motivación, la tercera por pasión, la cuarta por institucionalidad y la quinta por dedicación. Es más, para nosotros es difícil, un viernes por la tarde, decirle a una familia que está viviendo el secuestro de un familiar: “Me cuenta el lunes cómo le fue”, o decirle eso el 23 de diciembre; o el 30 de diciembre expresarle: “Nos vemos a mediados de enero”...

El día que se enteró de que no le renovarían el contrato usted estaba viendo un caso de secuestro, ¿qué le dijo a la familia?

Nada; terminamos el caso bien.

¿Le han ofrecido trabajo en otro país?

Falso. Nadie nos ha ofrecido nada; absolutamente falso. El equipo de trabajo sigue aquí, seguimos trabajando con partes de informes.

Pero si mañana se da un caso de secuestro, ¿qué se puede hacer?, ¿ a quién acudir?

Al Comando Antisecuestros de la Policía, al Ministerio Público…

Pero el Comando Antisecuestros es más bien un grupo operativo.

Era un trabajo en equipo… Es más, lo nuestro era un aporte complementario; lo importante es la institucionalidad.

¿Qué quiere hacer a partir de ahora?

Hay algo, te pueden quitar el trabajo, el contrato, de hecho el Estado tiene toda la libertad para hacerlo. El contratado no es otra cosa que un contratado y renunciado al mismo tiempo.

Lo primero es darle gracias a Dios y al Estado por haber tenido la oportunidad de servirle a las víctimas por 13 años, sin distinción de ninguna naturaleza. Ahora, estoy luchando contra el reloj para presentar todo lo que tenemos que presentar, consciente de que si ya no tengo la oportunidad de servir como Estado, la experiencia y el conocimiento es mi activo o patrimonio como individuo. Y si en un momento dado un aporte o idea sin conflicto con nadie puede servir a una víctima y se presenta la oportunidad de expresarla, se hace.

¿Se va a ir de Guatemala?

No.

¿Qué cree que le espera a Guatemala en el corto plazo en la lucha contra el crimen organizado?

Para el Estado es importante siempre diseñar e implementar la política criminal y que se canalicen y traduzcan los recursos hacia estas prioridades. Y si la prioridad de Estado es la problemática de seguridad, no me cabe duda de que el Estado diseñará y canalizará los recursos hacia esa prioridad.

¿Qué opina de los carteles guatemaltecos del narco?

Aquí, con el respeto de los estudios, lo que tenemos son organizaciones. Los carteles están en Colombia y en México. Los grupos tradicionales que desde los años 1970 ya vienen sonando y los grupos emergentes de los últimos años. Allí es donde uno se pregunta qué sienten los tradicionales cuando estos emergentes revolucionan más el ambiente. La coyuntura es importante.

¿Cree que el Ministerio de Gobernación tiene que mantener la unidad de lucha contra el crimen organizado?

Existe Digici, existe el sistema nacional de inteligencia, —que por lo que uno lee, dentro de su actividad está el problema del crimen organizado—, y si la Policía, que es el ente por ley con la atribución policial, estrictamente hablando, en combinación con el MP, desarrolla más el trabajo contra el crimen organizado, todo indicaría que los resultados van a ser mejores.

¿Le preocupa que se reactiven las bandas de secuestradores?

Es un riesgo, y lo importante es mantener el ritmo de trabajo, no importa dónde esté, para ir desenmascarando y evidenciando quiénes están en cada una de las expresiones de la actividad criminal.

¿A usted nunca le ha preocupado su seguridad personal?

En estos 13 años nos ha preocupado la seguridad personal de cada ciudadano y, por supuesto, también tenemos que preocuparnos por la nuestra. La experiencia nos ha dicho... —una pausa— que hay otros factores de seguridad activa y pasiva, amén de la visible, que son importantes de considerar para el manejo de lo personal.

¿Como cuáles?

Estar siempre preparado ante la coyuntura.

¿Ha sufrido amenazas o atentados?

Atentados, sí; amenazas, no, porque partimos de la máxima de que quien quiere hacer algo, no avisa, pues el criminal capitaliza el factor sorpresa. Uno de los atentados fue un grupo de sicarios en terreno colombo-venezolano: una banda que había asesinado a 150 personas.

¿Qué lo salvó?

No me tocaba ese día; aterricé en el hospital, perforado; me intervinieron, y aquí estoy. He tenido algunos otros problemas, pero los he superado.

¿Piensa tomar medidas mayores por no ser ya parte del Estado?

Bajo perfil, siempre luchando con bajo perfil. Nosotros sentimos que hay mucho de ficción en nuestras funciones.

¿Quiénes cree que no quisieran que usted continuara en el puesto?

En esta tarea de servir al prójimo, de dar asistencia victimológica y de trabajar en el complemento investigativo para desenmascarar al adversario, es posible que existan personas que en un momento dado puedan sentirse incómodas, pero en verdad estamos convencidos de que con lo que hacemos no perjudicamos a nadie y, al contrario, siempre hemos considerado que con esto contribuimos con el país, con el Estado. Desde que llegué acá, nunca he estado para competir con nadie; desde que llegué, he venido a compartir experiencias, y por eso hay un equipo de trabajo que está al mismo ritmo todos los días del año luchando, convencidos de que es un aporte al país.

¿Cómo se sintió cuando el ministro le dijo que ya no podía renovarle el contrato?, ¿decepcionado?

Entendí que era la voluntad del Estado y, como policía, tenía que acatarla.

¿Piensa descansar una temporada, o no está acostumbrado?

Paradójicamente, pienso que descansar mucho distorsiona la capacidad y la voluntad del hombre.

¿Qué quiere hacer en el futuro?

Nuestro gran activo es nuestro nombre y, en definitiva, es lo que nos llevamos a la tumba. Y el gran legado que dejamos a nuestros hijos y hermanos es eso: nuestro nombre. Todo lo que debamos hacer para mantenerlo es importante. Cuando tenemos la conciencia y la certeza personal de que hemos actuado apegados a la ley, apegados a Derecho, que hemos cumplido con los principios en todo orden, éticos y morales, debemos luchar por nuestro nombre. Me da mucha tristeza que a mi hija, que estudia periodismo, le puedan decir que su padre es un delincuente. Mi hija, como todas las hijas, adora a su padre.

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