CON OTRA MIRADA

El maltrato de un parque

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En Guatemala tenemos el mal hábito de llamar parque a cualquier espacio abierto, urbano o rural, incluyendo las plazas, que también se las demerita llamándolas plazuelas. Al ignorar la categoría de esos espacios y la escala de un parque y su origen, usualmente natural, se tiende a pavimentarlo, a fin de justificar su denominación.

' Se programaron parques del Bicentenario para los departamentos, que en más de un municipio fueron rechazados.

José María Magaña Juárez

Y como la manía es general, la encontramos en las altas esferas de gobierno y sus funcionarios, sean municipales o estatales, quienes, con bombo, anuncian megaobras dignas del primer mundo, la conducción de la cosa pública en aras del bien común, como nunca nadie lo hizo y proyectos inclusivos, porque la exclusividad fue excluida. Para lograrlo requieren del equipo idóneo, fiel a los principios del partido y ofrecimientos de campaña, y qué mejor si viene acompañado de sus respectivos incensarios para hacer las loas, reverencias y sahumerios del caso ante cada idea que sale de su boca.

Estando en plena pandemia por el covid-19, pero con la suficiente antelación a la conmemoración del bicentenario de la independencia de la Capitanía General del Reino de Guatemala de España (15Sept1821), alguien, sin conocimiento de la historia y poco ilustrado en las motivaciones, entresijos de la gesta y menos aún de sus consecuencias en el tiempo a partir de la fundación de la República, tuvo la idea, más allá de conmemorar la proeza, de celebrarla.

Ante semejante destello, algún asesor lo calificó de genial y sugirió hacerlo a lo grande, y para no hacer menos que en ocasiones anteriores, inspiradas por igual desconocimiento de las causas y efectos históricos, propuso imaginar una actualizada interpretación del Real Palacio de la Capitanía General, en el propio Parque del Centenario, como cuando en 1921 se edificó el llamado Palacio de Cartón. Para que la obra no pasara desapercibida, contrario a donde estuvo el original palacio, el graderío de la plataforma, que nunca tuvo, fue construido a media sexta avenida, haciendo gala de falsedad histórica, inutilidad y fealdad.

Junto a esa obra capitalina se programaron parques del Bicentenario para los departamentos, que en más de un municipio fueron rechazados. Y no porque los parques no sean necesarios; todo lo contrario, autoridades y vecinos reconocen su importancia. El problema fue la arbitrariedad del planteamiento y las decisiones tomadas, sin que mediara planificación alguna o fuera parte de un plan preestablecido, tema que obliga a insistir en la necesidad de hacer cumplir con lo que establece el Código Municipal y otras leyes en cuanto a los planes de ordenamiento territorial, esencial instrumento técnico legal que permite prever el crecimiento, desarrollo y conservación de los pueblos y ciudades.

En La Antigua Guatemala se discute ampliamente la brutal transformación del Mirador de La Cruz, en el cerro El Manchén, territorio de 85 manzanas que después de muchos años de insistencia de la Asociación Cerro de la Cruz, en 2019 fue declarado Parque Regional Municipal, categoría ignorada por el proyecto en curso.

El reclamo de los vecinos es ajeno a si los trabajos cuentan con autorización o no. El problema es el abuso del uso de concreto en el tratamiento de la superficie del bosque, incompatible con el concepto de un parque. Y si a eso se agrega que es el mirador más importante de la histórica ciudad, patrimonio de la humanidad, cae de su peso que el diseño debió concebirse en función de esa categoría y no en justificar un gasto presupuestado sin el criterio necesario, tendente a satisfacer el bien común.

ESCRITO POR:

José María Magaña

Arquitecto -USAC- / Conservador de Arquitectura -ICCROM-. Residente restauración Catedral Metropolitana y segundo Conservador de La Antigua Guatemala. Cofundador de la figura legal del Centro Histórico de Guatemala.