A Ríos se le ve caminar por las calles y avenidas del camposanto ofreciendo sus servicios de trovador.
Amelia Rivera pasa la primera Nochebuena sin su padre. Acompañada de su hermano, deja una ofrenda de flores a quien se adelantó el viaje hace un mes. A su lado pasa Rafael y le pide que interprete Más allá del Sol, melodía con acordes tristes y una letra que hace remojar los ojos de los Rivera.
Navidad, Año Nuevo y las fiestas familiares tendrán la silla vacía de su padre. Una mirada húmeda y fija hacia el sepulcro, con la música de la cuerdas tristes, recuerda las viejas celebraciones.
Ríos asegura que los sentimientos que se viven en el lugar son diversos, y que él, no solo con ese ingreso de cantarle a las personas que ya no están, ayuda a sostener a su familia.
“En esta fechas la gente está más propensa a la tristeza, y quizá una canción les hace pasar un rato tranquilo. Llorar no es siempre malo”, asegura.