La tragedia era clara, inminente, como sus seguros efectos en el turismo nacional, en la economía de la zona, y hasta en el orgullo de los chapines. Era como si de pronto la totalidad de las viejas paredes históricas de la Antigua Guatemala estuvieran a punto de derrumbarse.

COMO SIEMPRE PASA, las declaraciones oficiales no se hicieron esperar. Dentro del folklore político nacional, fue ofrecida colaboración para terminar con el problema. Todo quería hacerse rápido, a rajatabla, teniendo en mente los beneficios político-electorales de dicha acción. Pero nunca se pensó en el combate de sus causas y las acciones serían comparables a quitarle el moho a una pared y pintarla para dejarla bella a la vista, pero olvidarse de arreglar la fuga de agua causante de la humedad responsable del moho. La tarea comenzó, pero por fortuna se ha desarrollado en mucho gracias a la acción de la agrupación Todos Juntos por el Lago, en la cual se han unificado los diversos esfuerzos necesarios para pelear porque Atitlán continúe vivo.

LA REALIDAD ACTUAL del lago quedó clara en el reportaje sobre este tema publicado ayer en Prensa Libre. Ha habido avances y algunas condiciones inesperadas, como la poca luminosidad y días nublados, por lo cual la cianobacteria no floreció este año. Ya comenzó la siembra de árboles en 821 hectáreas de 20 municipios, se ha sembrado tul, se empezó la recuperación de laderas de las carreteras, biodigestores para pequeños empresarios de turismo, y otras más. Sin embargo, hay necesidad de invertir Q550 millones en cinco años —aproximadamente Q1 millón mensuales— para lograr esa recuperación. La inversión ha sido poca hasta ahora, y por ello es necesario planificar la obtención de los recursos.

ATITLÁN CONSTITUYE una tragedia ecológica, porque su situación actual es el resultado de las acciones irresponsables con el medioambiente de demasiadas personas. La cuenca de ese cuerpo de agua está amenazada por la tala de árboles, causante de la erosión de suelos; de lanzamiento de aguas negras, basura y toda clase de deshechos desde las poblaciones aledañas; de fertilizantes químicos utilizados en áreas circunvecinas. Pero sobre todo, aun cuando ya se conocen las causas y la forma cómo deben ser combatidas y eliminadas, hay falta de coordinación, duplicidad de esfuerzos, intereses politiqueros tanto a nivel local como nacional, y en especial la complejidad provocada porque en el trabajo hay demasiadas instituciones gubernativas.

LO PEOR DE TODO es ESTO: Atitlán no es un caso único. La naturaleza guatemalteca está amenazada. Los cerros cercanos a la capital y aledaños a carreteras son simplemente aplanados, por ejemplo. Los manglares de la Costa Sur se encuentran amenazados por la mezcla terrible de pobreza en el área, desconocimiento de los beneficios económicos potenciales, pero también de conocimiento perfecto de este tipo de beneficios inmediatos a determinados intereses personales o industriales. Al final del día, se trata de un problema educativo: tener la capacidad de entender la actitud suicida implícita en solo pensar en la solución inmediata de las necesidades o de los problemas. En suma: esta tragedia ejemplifica muy bien el verdadero subdesarrollo.

ESCRITO POR:

Mario Antonio Sandoval

Periodista desde 1966. Presidente de Guatevisión. Catedrático de Ética y de Redacción Periodística en las universidades Landívar, San Carlos de Guatemala y Francisco Marroquín. Exdirector de la Academia Guatemalteca de la Lengua.