Hace casi ya un año, el 31 de agosto, que mi papá, mis hermanos y yo no la tenemos junto a nosotros, pues el síndrome mielodisplásico (SMD) hizo que se nos adelantara.
Este síndrome tiene como característica que las células madre de la médula ósea, encargadas de generar las células de la sangre, tengan un defecto y permitan la producción de células anómalas incapaces de ejecutar sus funciones habituales, y en menor cantidad.
La alteración puede afectar a una, dos o las tres líneas celulares derivadas de la célula madre —glóbulos blancos, glóbulos rojos y plaquetas— y evolucionar al cabo de los años hacia una leucemia aguda. Ocurre con más frecuencia en personas mayores.
El signo más común es la anemia, pero también es posible que no haya suficientes glóbulos blancos para combatir las infecciones.
Lo que hoy escribo no es solo para rendir un tributo a mi madre, sino para que las personas se informen más acerca de este tipo de enfermedades, que de manera silenciosa pueden impactar la salud de cualquier persona.
Hoy, nuestra Ata está, sin duda, en un mejor lugar.
Gracias damos a Dios por habernos regalado el maravilloso privilegio de haberle permitido ser esposa, madre, suegra, abuela y amiga para nosotros en vida.
Estás más presente que nunca en nuestras vidas. Te amamos, Ata, y por las promesas de Dios confiamos en que volveremos a estar unidos.