EDITORIAL
Amatitlán: caso paradigmático
La absurda y fantasiosa decisión del Gobierno de desperdiciar de la manera más injustificada la suma de 137 millones de quetzales para descontaminar el Lago de Amatitlán se convirtió rápidamente en uno de los casos más deprimentes de corrupción a los más altos niveles, además de ejemplificar el desprecio de las autoridades por la capacidad de raciocinio de los guatemaltecos. Pero la unánime reacción negativa de todos los sectores sociales obligó a que nuevamente una medida gubernativa deba ser anulada, aunque esta derrota evidente quiera ocultarse con un anuncio de que ha quedado en suspenso y será analizada.
Cuando se conoció que la vicepresidenta Roxana Baldetti estaba directamente involucrada en la decisión de gastar ese dinero para adquirir una pócima mágica que en pocos meses sanearía el Lago, comenzaron a surgir las críticas, las cuales arreciaron cuando la vicemandataria, en una de sus numerosas declaraciones poco meditadas y que rayan en el ridículo, visitó el lugar y prometió que en pocos meses invitaría a los críticos a comer una mojarra. Por su parte, el gobernante Otto Pérez Molina salió una vez más en defensa de una idea descabellada que no es suya.
El tema se convirtió en un escándalo internacional cuando fue involucrado el embajador de Israel, quien debió aclarar que de ninguna manera apoyaba la idea ni al ciudadano israelí inventor de la fórmula mágica. La comunidad científica guatemalteca expresó lo que es evidente: la recuperación de cuerpos de agua es un proceso que toma décadas y se deben eliminar las razones de la contaminación.
No se necesita ser sabio ni científico de altos vuelos para comprender que el Lago de Amatitlán sufre las consecuencias de recibir las aguas servidas de toda el área sur de la capital y los deshechos industriales de los municipios aledaños. El proceso se incrementa debido al aumento de la población, falta de suficientes plantas de tratamiento y mal estado de las existentes. Es un problema que requiere de una serie de medidas variadas pero también coordinadas por una entidad con representación científica, además de la del Gobierno Central y las autoridades ediles.
Como consecuencia de los numerosos descubrimientos hechos por la prensa independiente acerca de malos manejos, corrupción, amiguismo, decisiones para pagar favores políticos de campaña, etcétera, el caso del milagroso saneamiento del lago amatitlaneco es considerado por una buena parte de la ciudadanía como un negocio turbio que salió mal y se convirtió en una fuente más de desprestigio y de dudas para el gobierno central.
Más allá de las punzantes críticas emanadas de las redes sociales, que comprueban el sentimiento de buen número de guatemaltecos, el chusco sainete del brebaje mágico abrió en la mente nacional una conciencia ecológica y por ello el camino está abierto para discutir otros asuntos relacionados con el desprecio a la naturaleza, pero también para afianzar la necesidad de que los planes gubernativos de cualquier tema sean conocidos por la ciudadanía, que tiene el poder de derrumbarlos cuando son absurdos y huelen a corrupción.