El urólogo Luis Arturo Pérez-Luque señala que durante la adolescencia la cantidad de testosterona circulante en sangre es mayor, siendo la responsable del desarrollo de los caracteres sexuales secundarios como la aparición del vello público, el crecimiento músculo-esquelético, el cambio de voz y el engrosamiento de la piel.
En las mujeres, indica el especialista, esta hormona se encuentra relacionada con el deseo sexual: si la cantidad en sangre desciende, también disminuye la libido femenina.
Cambiante
Los niveles de esta hormona son cíclicos, varían según la hora del día y la edad del individuo, ya que conforme los años declina paulatina y progresivamente.
A pesar de esto, los médicos concuerdan que la preferencia sexual no está ligada por la cantidad de hormonas que una persona posea. Por ejemplo, no se ha encontrado que los homosexuales las tengan en menor cantidad, ni tampoco que mujeres con niveles altos, se comporten como hombres. “Un factor es el comportamiento bioquímico y otro el de género sexual”, manifiesta el doctor González.
Explosiva
Muchas veces se considera a la testosterona como un afrodisiaco, pero el deseo sexual es resultado de varios factores, no sólo producto de las hormonas.
El doctor Pérez-Luque asegura que la disminución de la testosterona es una de las causas de la disfunción eréctil, pero no la principal. También existen aspectos psicógenos, físicos y mixtos que intervienen en el proceso.
Cuando hay un descenso o carencia total de testosterona, los médicos deben investigar si se trata de fallas testiculares o suprarrenales y a partir del diagnóstico dar el tratamiento correcto.
¿Se puede reemplazar la testosterona?
La administración sintética de esta hormona es, según los médicos entrevistados, delicada y produce efectos secundarios. Entre los cuales predominan: los niveles altos de colesterol, triglicéridos e hipertensión arterial.
Si el paciente tiene un cáncer inicial de próstata, éste aumenta con la ingesta del medicamento porque es hormono-dependiente, es “como si se le echara gasolina a una fogata”, indica el urólogo Luis Arturo Pérez-Luque. De igual manera sufren daños quienes la ingieren como anabólico para tener mejor condición física.
En las mujeres, los efectos pueden ser en el hígado y las glándulas suprarrenales y en la masculinización: la voz se vuelve más grave y el cabello crece en exceso en todo el cuerpo.
Por ello, en lugar de reemplazar este tipo de hormona, los médicos aconsejan evitar una vida sedentaria, alimentarse correctamente y disminuir la carga de estrés.