ContrastesDiciembre. Ojo

CONRADO ALONSO

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Ayer iniciamos la primera etapa del último mes del año al que identifico como el mes de la personalidad. Si planchamos, horizontal o verticalmente las doce hojas del calendario, ninguna de ellas tiene un rasgo especial. Juegan con un día de mas o de menos, salvo el febrerillo loco, y van discurriendo igual año tras año.

O sea que diciembre es uno mas de los doce y, por lo mismo, no merecería un apunte personalizado. ¿Esta usted de acuerdo conmigo? ¿No? Perfecto, yo tampoco, porque diciembre tiene un magico resorte que lo hace especial, largamente esperado y cariñosamente adobado con el pimentón rojo de las flores de pascua.

Sin embargo, fríamente calculado y visto sobre la cartulina del almanaque con destapes de las conejitas, inclusive, insisto en que diciembre es el doceavo mes de un calendario gregoriano, que pudo haberse alargado ocho o diez meses mas, y en que él es el mes mas idóneo para poner en un brete la propia personalidad.

A ese punto querma llegar. Ningún otro mes lo consigue. Si usted alega que este diciembre se caracterizara por los nuevos impuestos, no encuentro nada distintivo. Mes con mes, y ya llevamos veinticuatro, se inventan nuevas cargas impositivas. Y si aparecen en el Gobierno mas “desvíos” de fondos, no le culpe a diciembre.

Pero, si usted ha observado a rajatabla la dieta recomendada, e impuesta, por su nutricionista; si usted es enemigo de las colas y aglomeraciones; si usted ha cuidado el flujo, y reflujo, de sus cuentas bancarias; si su estado de animo es malhumorado y gruñón; si usted es como es, preparese a ser como no es. Adiós a su personalidad.

Coma a mansalva en estos días frituras, dulces, turrones, lo que sea, porque el endocrinólogo le estara esperando en enero. Soporte codazos y pisotones para alcanzar una de las innumerables ofertas, aunque no la necesite, que la ley de la oferta impone. Olvídese de la cuesta de enero y de las colegiaturas de sus hijos en enero.

¿Dicen que su caracter es inaguantable? ¡Qué va! Si el veinticuatro lo pasara haciendo reverencias y deseando felices pascuas a cuanto ser nunca antes había dirigido el beneficio de su saludo. Y no digamos el treinta y uno, día único para dirigir un calido feliz año nuevo a todo aquel que usted preferiría verlo fuera del mapa.

Así que cuidémonos, carísimos lectores, de la avalancha de despropósitos que diciembre nos deparara por decreto, como otra aplanadora, ademas de la que tenemos en el Gobierno. En mi caso, tomo el consejo y no impongo receta alguna para los huevos de su desayuno dominical de hoy. Un yogourt, incoloro e insaboro, cae bien.

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