Llegó a Guatemala en 1651, y falleció en ?Olor de Santidad? el 25 de abril de 1667. Las dos biografías más cercanas al Beato son la del jesuita Manuel Lobo, maestro y confesor, escrita nueve años después de la muerte del Hermano Pedro.
La segunda es la de Joseph García de la Concepción en 1723, dedicada al rey Felipe V. Respetando la ortografía de la época nos narra: ?No abría en Goathemala quien defcosiffe a el Venerable Pedro Jofeph, aunque foraftero, no le difcurriria como eftraño?.
En otros párrafos el padre Concepción lo describe de esta manera: ?Era nuestro Pedro de condición dócil cortes en el trato, en su proceder humilde. El maestro y Reverendo Fray Mathias Carranza, de el orden efclarecido de Predicadores dezía: que de él podría dezirfe con San Pablo, que su corazón era puro. El Hermano Pedro, en el momento de su muerte, ya era venerado y se le atribuían muchísimos milagros; pronto se multiplicaron las leyendas”.
El mismo Joseph García de la Concepción menciona que hubo que cambiarle dos veces el hábito, porque la gente se llevaba trozos del mismo, de tal manera que se repartieron algunos objetos de sus pertenencias, entre ellos ?los callos que tenía en sus dos rodillas (?)?.
De los milagros que nos narra el mismo autor están: ?Con la misma sangre del cadáver del Venerable Pedro, se humedeció un pañuelo sano a una mujer?. El otro: ?Con un zapato del Venerable Pedro facilito con su aplicación un parto peligroso?.
La iconografía del Hermano Pedro es relativamente sencilla. En el retrato que se encuentra en San Francisco el Grande, de Antigua Guatemala, el más conocido, lo vemos de pie apoyado en un bordón; con la otra mano sostiene un recipiente para recibir limosnas. A manera de collar lleva un rosario, del cual el Hermano Pedro era muy devoto. La campanilla que tañía por las calles suele poseer varias simbologías; la del Beato Pedro probablemente se refiere a ?convocar a los hombres y conjurar el demonio?. En la capa a la altura del corazón se le suele colocar un medallón, con la representación de la Natividad de Jesús.
Probablemente, en este grabado del artista. A. Groetiers dedica al Hermano Pedro como un homenaje por la profunda veneración de éste hacia la representación del nacimiento del Hijo de Dios. En este retrato es posible que los volcanes de Fuego, Agua y Acatenango posean una doble función: la de símbolo antigüeño, y el pavor que el Beato tenía con razón a los sismos.