CONTRASTESLibre al viento

CONRADO ALONSO

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Día especialísimo es hoy para unirnos, mental, espiritual y anímicamente, con todos los guatemaltecos que aquí y allá, diseminados por cualquier rincón del orbe, celebramos otro año más del aniversario de la independencia política de Guatemala y de su creación como Estado libre y soberano. Así lo dice el Acta de Independencia.

Día que no podrá olvidar, sin embargo, la tragedia deslavada por las laderas del volcán Tolimán y que enterró prematuramente a muchos vecinos de la aldea El Porvenir. Por ellos, y por su porvenir hecho añicos en un santiamén, un minuto de silencio y un crespón de seda negra sobre el azul y blanco del pabellón nacional.

Día, por otra parte, de alguna distensión internacional al habernos enterado de que don George W. Bush ha atendido, por fin, la sugerencia aliada de presionar contra Irak al Consejo de Seguridad de la Organización de Naciones Unidas y que sea éste el que exija acatamiento a sus resoluciones, que se van haciendo estériles.

Por confusión de horarios y enredo en el mando -el único que me viene quedando en casa- del control televisivo no encontré a don George en vivo y a todo color en la pantalla del televisor. La prensa escrita, sin embargo, ha transcrito sus palabras y no hay duda de que podemos respirar, de momento, y no ahogarnos en su guerra.

Sí topeme cuando menos era de esperar, en horas de la noche y en diferido por consiguiente, con la efigie de don Alfonso Portillo transportada a los televisores por la cadena nacional y retransmitiendo su discurso ante la Asamblea General de la ONU, que, a no dudarlo, habrá sido el mismo emitido personalmente y en vivo.

No hay que ser excesivamente vivos para suponer que repitió y refrescó los lugares comunes de sobra conocidos. Por ello traté de compaginar la nueva imagen presidencial -o ?new look?, como dirían en New York- dotada esta vez, al frente de sus órganos visuales, de una sorprendente montura de carey. ¡Ay caray, qué fracaso!

Se veía el señor presidente más intelectual, y elegante, con sus lentes bordeados en fino oro. Como en ambos casos las dioptrías son las que cuentan, lo principal es que haya mejorado su visión de los problemas nacionales. Y que vea cómo resarcir a las víctimas inocentes de sus cadenas de radio y televisión. ¿Con eurobonos?

Voy a cerrar la presente edición acompañando a mis carísimos lectores en su desayuno dominical.

No permitamos que Guatemala, libre al viento su hermosa bandera, se hunda y fracase. Si llegara a hundirse, sería culpa nuestra. Hay que ponerle huevos, además de los del desayuno, a ese imperioso y urgente llamado. Usted los tiene.

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