Vida

Esculturas de Max Leiva

Por principio quiero decir que la escultura de Max Leiva, no encaja en una tendencia actual, dado los caminos que surcan la escultura de nuestro tiempo, más bien podría referirme a una órbita paralela a Luis Carlos, un poco menos pero obvio en Dagoberto Vásquez.

Si pretendemos dar un canon de simple aproximación entre escultores de la modernidad también Giacometti.

Yo diría que el contexto de su obra se inscribe en un neorromanticismo-cubista patente en todas sus esculturas. Leiva ignora los problemas plásticos de su generación, más bien facilita evasiones a partir de la forma humana de lo que cabría esperar mayor hondura expresiva.

Ciertamente Leiva sabe jugar con los elementos geométricos del triángulo y el cubo, de ellos surgen las formas, pero son formas sin misterio, únicamente servido por la contrafigura en donde debería sentirse con más fuerza el dinamismo y la velocidad porque contrafigura es, en verdad la pasmada lentitud del movimiento, en oposición al vértigo de la movilidad que nos acosa, a la zarabanda sonora que acuchilla nuestro oído.

Max Leiva, diría, ha vuelto al revés los ?ready-made? de Duchamp, y ha hecho una escultura confortable. Estas obras suyas pueden vivir sin acosarnos, casi sin hacernos pensar. Es su trabajo, en definitiva, una elevación del nivel de vida del surrealismo antañón, una especie de aburguesamiento de las audacias dirigidas hacia una confirmación del concepto del arte.

No es fácil, ante el material y técnica que maneja, alejar de nuestro recuerdo las hondas y significativas realizaciones de Giacometti. En el fondo aquí no se inventa nada, no se facilita ningún nuevo recurso imaginativo, que no hubiera pasado ya por la mente y manos de los pioneros de esta faz rebelde del arte, ni siquiera en un grado de equivalencias. Falta, a mi juicio, el acicate renovador. Max Leiva pide más al tipo de contemplador al que se dirige, de lo que ofrece para inquietarle. Espero que en próximas oportunidades podamos cambiar nuestra opinión.

Leiva expone en galería El Attico.

ESCRITO POR: