EDITORIALEl ejemplo de los venezolanos

El millón de venezolanos que abarrotó numerosas calles de Caracas para exigir su renuncia inmediata al presidente Hugo Chávez y la realización de elecciones a la mayor brevedad posible, están dando una lección a los pueblos latinoamericanos que están sufriendo las consecuencias del populismo, que paradójicamente es la razón principal de la llegada al poder, aunque en su momento no haya sido comprendido.

La manifestación, que no es la primera ni será la última, demuestra el alto nivel de civismo de una población que se encuentra harta de los desmanes de un gobernante que mezcla lo pintoresco con lo absurdo, con su estilo poco serio que no ha sido óbice para hacer todo intento posible de mantenerse en el poder más tiempo del que debería.

Venezuela continúa sufriendo los efectos de una crisis de la que en realidad son culpables los dos partidos políticos que durante décadas se alternaron el poder político en la tierra de Bolívar y cuyos niveles de corrupción provocaron un hastío popular parecido al que tuvo como consecuencia el apoyo a Chávez, primero en sus fracasado intento de apoderarse del poder, y luego como candidato que fue el beneficiario del voto de castigo a la casta política.

Los venezolanos son dignos de encomio porque con su presencia en las calles demuestran que comprenden el valor de la presencia para exigir sus derechos y además responsabilidad en el manejo del Estado.

La manifestación organizada por Chávez, aunque también multitudinaria, no tiene la validez de la marcha opositora, porque a esta última la totalidad de los participantes marcharon en forma voluntaria, lo cual no se puede decir en el otro caso. Todo esto no excluye el riesgo de violencia en nuevas manifestaciones populares en pro y en contra del Gobierno. 

Por esa causa es que el Secretario General de la ONU, Kofi Annan, así como representantes del Departamento de Estado en Washington han hecho llamamientos para que opositores y gobiernistas hagan uso en forma responsable de sus derechos políticos de manifestar oposición o apoyo al controversial régimen.

La amplia victoria electoral con que Chávez llegó al poder permite darse cuenta de que en ese millón de personas hay muchísimas que creyeron en las promesas y ahora están hastiadas no sólo del estilo de gobernar, sino de los efectos de empobrecimiento generalizado que sufre uno de los países más ricos del continente americano.

Por eso no es posible señalar que quienes agitan banderas y gritan consignas manifiestan su rechazo y su oposición al chavismo, como integrantes de una conspiración elitista o representante de un solo grupo social.

Es una muestra clara del rechazo al gobernante, que casi sin duda alguna no acatará las peticiones y por ello se queda la expectativa de qué ocurrirá cuando sea convocado el paro general a partir del 21 de octubre. Chávez, el máximo representante del populismo latinoamericano, puede convertirse en el primer gobernante que en este siglo le deba su caída a haber perdido el apoyo de quienes lo llevaron entusiastamente al poder.