Liberal sin neo

Revés para el multilateralismo

Capturados por intereses ideológicos apartados de los objetivos

En un memorando presidencial del pasado 7 de enero, Donald Trump formalizó otra decisión disruptiva de la política exterior estadounidense; la retirada de Estados Unidos de 66 organizaciones internacionales, tratados y convenciones consideradas contrarias a los intereses nacionales. Da seguimiento a un proceso iniciado hace casi un año, con la Orden Ejecutiva 14199 del 4 de febrero de 2025, que ordenó revisar exhaustivamente la participación y financiamiento de Estados Unidos en el entramado de organizaciones multilaterales.

No hay coherencia entre los fines declarados y la conducta real de estas instituciones.

En un comunicado de prensa, Marco Rubio señaló que lo que inició como un marco pragmático de organizaciones para la paz y la cooperación, se ha transformado en una desmadejada arquitectura de gobernanza global. Hay un mensaje político claro: cantidad de organizaciones internacionales —en particular dentro del sistema de Naciones Unidas— se han convertido en estructuras burocráticas costosas e ideologizadas que no producen resultados. No hay coherencia entre los fines declarados y la conducta real de estas instituciones.

Este enfoque no es nuevo en Trump. Durante su primera presidencia, Estados Unidos se retiró del Acuerdo de París y de la Unesco, rompió con el Consejo de Derechos Humanos de la ONU y congeló fondos a la Unrwa. Ahora el repliegue es más amplio, sistemático y explícito en su diagnóstico; el multilateralismo actual ha dejado de servir a los intereses de quienes lo financian. Fue en este contexto que la administración recalibró programas financiados a través de Usaid, calificados como ineficaces o capturados por intereses ideológicos apartados de los objetivos de ayuda humanitaria y desarrollo.

La retirada de Estados Unidos del Consejo de Derechos Humanos de la ONU fue particularmente reveladora; gobiernos como China, Cuba, Eritrea, Pakistán, Sudán y Venezuela ocuparon asientos en el Consejo y dictaban su agenda. Un organismo diseñado para proteger derechos fundamentales resulta ofreciendo cobertura moral y política a regímenes que los violan sistemáticamente. La permanencia estadounidense no fortalecía los derechos humanos; legitimaba una farsa institucional.

Según el memorando presidencial, Estados Unidos se retira de 31 organizaciones de la ONU y otras 35 multilaterales. La pregunta relevante no es si la retirada estadounidense “debilita la gobernanza global”, sino si ese tipo de gobernanza merece ser preservada. Naciones Unidas y sus agencias han acumulado mandatos, programas y burocracias sin mecanismos eficaces de evaluación, corrección o sanción por fracaso. La reacción de la ONU ha seguido el guion habitual: indignación moral y llamados a la cooperación urgente. Pero ha habido poca autocrítica, rendición de cuentas o reconocimiento de su politización interna y captura por burocracias ineficaces y clientelares.

Quizás la ONU siga siendo un foro diplomático amplio y un espacio de coordinación en algunos ámbitos técnicos, pero su autoridad moral, capacidad de producir bienes públicos globales y su credibilidad como árbitro imparcial están seriamente erosionadas. Lo mismo puede decirse de tantos otros entes multilaterales. Organizaciones destinadas a “combatir el cambio climático” o promover la “igualdad de género” crean entramados de ONG y foros para demandar fondos e imponer mandatos, que poco o nada hacen por el planeta y el desarrollo.

La decisión de Trump es un golpe al núcleo del entramado burocrático multilateral. No es tanto un gesto aislacionista como una ruptura con la fantasía de que más burocracia internacional equivale automáticamente a más cooperación, más justicia o más paz.

ESCRITO POR:

Fritz Thomas

Doctor en Economía y profesor universitario. Fue gerente de la Bolsa de Valores Nacional, de Maya Holdings, Ltd., y cofundador del Centro de Investigaciones Económicas Nacionales (CIEN).

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