Catalejo

Efectos de regalar el Nóbel o de pactar con adversarios

Los siguientes acontecimientos en el indudable protectorado estadounidense cambiarán aún más la dinámica política.

El prestigio, sobre todo en política, es el resultado de un largo camino de acciones valientes, generosas, a veces temerarias, y a la admiración despertada entre seguidores y a veces opositores. Pero una sola acción puede acabar con ese apoyo moral y provocar un resultado de doble pérdida: el apoyo de los admiradores y el afianzamiento de quienes no han respetado al personaje protagonista. Por otro lado, alguien con graves motivos de desprestigio, con numerosas acciones astutas, puede engañar a adversarios y pasar en forma igualmente instantánea a recibir el ingenuo apoyo de estos últimos. Ese es el caso de María Corina Machado, por un lado, y de Delcy Rodríguez, ex segunda al mando de Nicolás Maduro y, antes, de Hugo Chávez.

Corina Machado se equivocó, y Delcy Rodríguez logró mantener el maduro-chavismo sin ninguno de ellos.

Machado es la perdedora y Rodríguez la ganadora, por los efectos de sus decisiones. Al entregar físicamente el Nóbel de la Paz demostró no entender la importancia de su logro. Es un galardón para la persona, quien puede rechazarlo, aceptarlo o devolverlo, pero nunca regalarlo, lo cual, por ser evidente, no debe ser advertido antes. Hacerlo provoca rechazo y especulaciones sobre los verdaderos motivos, de hacerlo pues no fue creado para ella, como sí ocurrió con el inventado por Infantino para darlo a quien dijo con toda claridad y sin tapujos su ansia porque a su criterio lo merece. Estableció dudas sobre su odisea para llegar a Oslo, partió en dos a sus admiradores, y luego no recibió reconocimiento ni apoyo de quien se quedó con el premio.

No puede ser ingenuidad ni falta de inteligencia, pues en su larga carrera política ha demostrado valentía. Esta vez, quiso halagar al extremo a quien le obsequió ese premio político, poniendo en peligro la importancia y hasta la existencia del galardón. Sólo le queda la admiración de quienes apoyan acciones legales pero no legítimas a un político cuestionado porque basa sus decisiones en órdenes presidenciales, posibilidades totalitarias. Para colmo, Trump la había declarado carente de capacidad y apoyo popular para ejercer la presidencia venezolana, y el martes se informó de haber sido informado por la CIA para actuar así. Perdió el apoyo de sus admiradores mundiales y se quedó con el de quienes apoyan a un gobernante basado las acciones de quien por gobernar a fuerza de órdenes presidenciales, también legales pero sin base ética alguna.

Rodríguez demostró habilidad al ayudar a la captura de Maduro, pero astutamente dejó la estructura chavista de la cual ella ha sido es figura principal junto con su hermano Jorge y Diosdado Cabello, principales saqueadores del estado venezolano desde el inicio de Chávez. De socialista del siglo XXI pasó de pronto a ser considerada, por orden de Trump y Marco Rubio, como una instantánea capitalista extrema y un virreinato por muchos años, los necesarios para normalizar a su criterio la política, la industria petrolera y la vida venezolanas. Pero es también un enorme riesgo porque ahora Estados Unidos tiene un “D.T.Estado” dependiente de los cambios decididos de un momento a otro. Otros mensajes afirman haber sido contratada desde hace años por la CIA.

Es imposible hacer predicciones en este tema, por la vertiginosidad y variedad de los cambios en tantos escenarios del mundo. Numerosos analistas apoyan los cambios logrados paso a paso, y consideran repetir acciones inmediatas y no realizar planes a largo plazo en cualquiera de los complicados escenarios del mundo. Los siguientes acontecimientos en el indudable protectorado estadounidense cambiarán aún más la dinámica política. Para finalizar, lo ocurrido del 10 de enero me decepcionó por su arrebato miope, a mi juicio, y el pacto con Rodríguez confirmó mis pensamientos previos sobre este tipo de políticos arribistas, y sus nuevos amigos comprobaron la mezcla de tontería y simplismo intelectual. NOTA. Este artículo no salió el lunes a causa de los motines carcelarios.

ESCRITO POR:

Mario Antonio Sandoval

Periodista desde 1966. Presidente de Guatevisión. Catedrático de Ética y de Redacción Periodística en las universidades Landívar, San Carlos de Guatemala y Francisco Marroquín. Exdirector de la Academia Guatemalteca de la Lengua.