Si me permite

Lo inesperado nos está exigiendo flexibilidad

La reacción nuestra ante lo inesperado de la vida refleja con claridad quienes somos    

“Atención a las situaciones inesperadas; en ellas se encierran a veces las grandes oportunidades”. Joseph Pulitzer


Ninguno de nosotros, por más prevenidos que seamos, se libra de situaciones imprevistas que se presentan en la vida.


Cada mañana que iniciamos nuestra rutina estamos expuestos, en el momento que menos lo esperamos, a tener que encontrarnos con algo que no estábamos esperando y que hay que atender para poder seguir con las ocupaciones que tenemos.


El momento en que algo inesperado nos surge, lo primero que se manifiesta es la creatividad que hay en nosotros para saber reestructurar nuestra vida y así poder avanzar.


Claro que, a algunos, lo imprevisto puede paralizarlos por un momento, pero cuanto más breve sea esta etapa, más se refleja la madurez que la persona tiene por cumplir con sus obligaciones. Sin duda, hay quienes pierden perspectiva y deben ser ayudados para poder reencauzarse y superar el efecto que tuvo sobre ellos el imprevisto que les vino.


Sin lugar a dudas, una postura que algunos pueden manifestar, por alguna razón de una intransigencia, puede ser fatal e incomprensible en una convivencia donde debe ser todo lo contrario. Lejos de buscar la salida de esa situación, lo que les puede pasar es que se paralicen y probablemente tomen opciones que sean las menos favorables, pero en los casos en los cuales toman una postura favorable, pueden visualizar fácilmente nuevas alternativas, las cuales les abren oportunidades que jamás habían soñado.

Nuevas oportunidades pueden presentarse muchas veces al enfrentar los imprevistos de la vida                             
 


Debemos ser muy cuidadosos cuando queremos ayudar a alguien que está atravesando una situación inesperada, porque no siempre podemos tener claridad de todo el cuadro que la persona está viviendo y podemos crear más problemas que la ayuda que estamos ofreciendo, pero si nos tomamos el tiempo de escuchar a la persona, podremos ayudar a sugerir alternativas para que sean consideradas, pero nunca podemos imponer una alternativa.


Sin lugar a dudas, los que hemos vivido situaciones inesperadas y si hubo alguien que se tomó el tiempo y se acercó y nos pudo ayudar de una manera muy puntual, la recordamos con una medida de admiración, y en más de una ocasión es probable que hayamos expresado algún comentario de aprecio y agradecimiento por el modo y la manera como nos acompañó en ese proceso que tuvimos que vivir.


La cosa más natural de percibir en los momentos inesperados que tenemos que vivir se describe en nuestro rostro y probablemente con las palabras con que tratamos de describir y comunicar lo que estamos viviendo.


Si en ese momento tenemos a alguien que pudo acompañarnos en el proceso, es muy probable que el proceso que se está viviendo sea más breve y menos doloroso, en muchos sentidos, que si lo tenemos que vivir solos o con quienes frecuentemente nos están juzgando o nos malentienden, por más que les estemos explicando lo que nos está pasando.


Como ninguno de nosotros sabe en la rutina de la vida que vivimos en qué momento podríamos encontrarnos con algo inesperado y de qué manera nos podría afectar, debemos ser comprensivos y solidarios con aquellos que son cercanos a nosotros.


Ese tipo de comportamiento nos hace mucho más humanos y, en el momento que nosotros tenemos un tiempo difícil por algo inesperado, seremos comprendidos y apoyados, seguramente.

ESCRITO POR:

Samuel Berberián

Doctor en Religiones de la Newport University, California. Fundador del Instituto Federico Crowe. Presidente de Fundación Doulos. Fue decano de la Facultad de Teología de las universidades Mariano Gálvez y Panamericana.