CONTRASTESMiedo ¿al más allá?
Después de las desazones digestivas que origina el desmedido entretenimiento en ir degustando la sublime orquestación de carnes, embutidos y verduras, salpicadas de un especial caldillo que viene a ser como la melodía sustancial latente en el plato del fiambre guatemalteco, viene el día de la grata recordación de los difuntos.
No acabo de entender porqué se le reserva al fiambre en el calendario gastronómico una única fecha, la del uno de noviembre, cuando debería ser, él y su protocolo incorporado, una llamada periódica a la reunión de familiares y amistades y a la sanísima preocupación por hacer llegar a otros un plato, sin tirárselos a la cabeza.
Hoy precisamente, sábado dos de noviembre, estoy escribiendo esta columna para que usted la reciba al amanecer del domingo. Y no me negará el carísimo lector que, al igual que en nuestros desayunos dominicales, hay que ponerle muchos huevos -aunque basta con dos- a la certeza ineludible de que nos llegará el día.
Miedo a la muerte, he leído u oído por ahí, no le tengo sino, más bien, una tremenda curiosidad por lo que ella nos depare en cuanto traspasemos el túnel. Aquí dejo la frase para su consideración y asimilación. No deja de ser bastante interesante, y podría contrarrestar ese miedillo que, no nos engañemos, conlleva el más allá. Pero, no voy por ahí. Dejo en el florero de los recuerdos la flor que corté en la mañana para que acompañe el retrato de mi hijo muerto a quien felicito a veces, muy pocas, por haber tenido el coraje de adelantarse a la resolución de esa incógnita preocupante, y a quien pido me facilite el camino para llegar a él y no separarnos.
El más acá acecha hoy más que nunca. Quizás he dicho una tontería porque nada hay más inmediato y exigente que el presente, y cada instante que pasa abre la siguiente puerta a otro que se hace realidad. Es una perogrullada lo dicho, pero nos entendemos, y más si añado que es la política la que está al acecho.
Bueno, la política nunca duerme. Los emblemáticos, y tradicionales, políticos son los aprovechados madrugadores. Y me dan miedo en verdad al verlos afilar sus bayonetas y sus uñas, acrílicas y no postizas, antes de que el tribunal que se las sabe todas en materia electoral haya disparado la salva anunciadora de la carrera.
Preparémonos a escuchar lo mal que está la economía nacional, educación, salud y seguridad. Todo. Un fuerte aplauso corroborará lo dicho. Pero ¿ha pensado usted en que, cuanto más negra nos pinten la situación, más impuestos nos van a pedir? Todos. Piénselo igualmente y asimílelo. El vení acá está cerca.
No sea lelo.