Liberal sin neo

Dos miradas a un malestar

Predomina una sensación de estancamiento.

Dos estudios publicados recientemente en Guatemala ofrecen una radiografía complementaria de un momento político; uno desde la percepción ciudadana amplia y otro desde la mirada de líderes de opinión. Leídos en conjunto, ofrecen perspectivas complementarias de un mismo malestar.

Una percepción arraigada más que una reacción momentánea.

El Estudio de Opinión Pública de la Fundación Libertad y Desarrollo (FLD) se apoya en una encuesta nacional de 1,232 entrevistas; una muestra con representatividad estadística. El Diagnóstico de Percepciones, VIII edición, de Diestra, en cambio, es un estudio cualitativo basado en 62 entrevistas a líderes de opinión provenientes de diferentes sectores de la sociedad.

Ambos coinciden en un punto esencial; predomina una sensación de estancamiento. Los datos de FLD muestran que menos del 20% de los guatemaltecos considera que el país avanza por el camino correcto, mientras que cerca del 78% cree que va en dirección equivocada. Este juicio negativo no es episódico; se mantiene con pocas variaciones desde hace varios años, una percepción arraigada más que una reacción momentánea. El costo de la vida figura entre las principales preocupaciones, acompañado por la inseguridad, la corrupción y la falta de empleo como problemas persistentes.

Este panorama se refuerza desde otra óptica en el Diagnóstico de Diestra. Más de dos tercios de los líderes de opinión consultados estiman que Guatemala no avanza en la dirección correcta. Aunque algunos señalan mejoras puntuales, el balance general es de desgaste político prematuro. Describe una sensación extendida de que el Estado “se mueve, pero no avanza”, reacciona a las crisis sin tener una estrategia coherente. La palabra que atraviesa el documento es cansancio.  

El Diagnóstico identifica una normalización del deterioro; la violencia, las fugas de reos, la corrupción y la precariedad de la infraestructura no se perciben como novedad, sino como rutina. Cuando esto ocurre, advierte el Diagnóstico, “se desplaza el umbral de tolerancia social” y se vuelve más aceptable la búsqueda de soluciones inmediatas y autoritarias.

Ambos estudios también convergen en la desconfianza hacia las instituciones. En el caso de FLD, los partidos políticos, el Congreso y el sistema de justicia aparecen sistemáticamente entre los peor evaluados. En el informe de Diestra, esa desconfianza se expresa como ausencia de liderazgo, fragmentación del oficialismo y escasa capacidad para ejecutar políticas públicas. Se mencionan con frecuencia la pasividad, la improvisación y la ruptura de alianzas como factores que debilitan la gobernabilidad.

Hay diferencias de método y forma en los estudios, pero no se contradicen. El de FLD retrata emociones sociales; frustración, preocupación económica, temor por la seguridad, frustración con la política. El de Diestra formula un diagnóstico político; inercia estatal, carencia de rumbo estratégico y falta de resultados. El primero ofrece datos comparables en el tiempo; el segundo aporta interpretación y proyección.

Una lectura razonable de sus resultados es que Guatemala atraviesa una crisis de expectativas. No se trata únicamente de problemas materiales, sino de una sensación de que no hay un proyecto claro ni una conducción política capaz de ordenar prioridades. El problema no es únicamente lo que falla, sino la sensación de que nadie logra articular una salida convincente.

Más que conclusiones definitivas, los dos documentos representan señales preocupantes. Uno desde la voz de la ciudadanía y otro, desde la lectura de quienes influyen en la opinión pública. Juntos dibujan un escenario de fatiga acumulada.

ESCRITO POR:

Fritz Thomas

Doctor en Economía y profesor universitario. Fue gerente de la Bolsa de Valores Nacional, de Maya Holdings, Ltd., y cofundador del Centro de Investigaciones Económicas Nacionales (CIEN).

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