Estamos a punto de terminar otro año en el que perdimos otro poco de los sistemas naturales que soportan la vida planetaria, otra vuelta al sol en la que los seres humanos quemamos nuestras posibilidades y las del futuro.

Además de desastres terribles, como el derrame petrolero del Prestige, en muchos rincones del planeta hubo guerra, con armas que provocaron muerte, tanto de hombres, mujeres y niños, como de otros seres y criaturas.

En Guatemala, perdimos bienes naturales importantes en el 2002, pues se siguieron contaminando nuestros aires y aguas, se incendiaron más selvas y bosques; y perdimos mucha de la poca confianza que teníamos en las autoridades gubernamentales.

En el Ministerio de Ambiente y Recursos Naturales no se logró nada importante, en el Conap, tampoco.

Aunque se dio la cancelación de un contrato petrolero, no podemos alegrarnos más de la cuenta, cuando sabemos que la presión para que entreguemos nuestro petróleo está aumentando, que ahora refinaremos petróleo ecuatoriano aquí, que se están otorgando más concesiones para minería a cielo abierto, o que se pretende reactivar Celgusa.

También sabemos que los tratados de libre comercio -llámense Plan Puebla Panamá, Alca o lo que sea- suponen grandes amenazas para nuestros cada vez más escasos bienes naturales.

Pero en lugar de lamentarnos y de ponernos a llorar, lo que tenemos que hacer es sacar fuerzas de flaqueza, y no dejar que nos arrebaten la capacidad de creer en un mundo mejor, donde haya más bienestar para todos, en todos los sentidos posibles.

En momentos como estos tenemos que mirar hacia el futuro. Si hasta ahora los aspectos ambientales han sido ignorados, o tratados como poco importantes por quienes nos gobiernan, es nuestra misión obligarles a reconocer que la verdadera seguridad de una nación descansa sobre el estado de sus bienes naturales.

Seguridad alimentaria, seguridad energética, seguridad ambiental. Es una muestra de arrogancia y de estupidez deteriorar la base misma de la vida, como lo hemos hecho hasta ahora.

El agua pura y aire limpio son absolutamente indispensables para tener una vida decente. El agua y la pureza del aire dependen de bosques y selvas.

Nuestras vidas, nuestra salud y nuestro futuro dependen de la manera como cuidemos esta tierra sobre la cual vivimos.

Hago un voto para que el 2003 sea un año diferente, cuando reconozcamos que nuestro futuro está íntimamente ligado al futuro de la vida sobre el planeta. ¡Paz y armonía, hijos e hijas de esta Tierra! Y que el Año Nuevo traiga bendiciones y sabiduría.

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