ECONOMÍA

Precio de la carne de res en Guatemala: los factores locales y externos, que están causando el alza

La presión no viene solo del mercado local: decisiones y sequías a miles de kilómetros están redefiniendo el precio de la carne en el país.

En los últimos días, carniceros del mercado La Terminal advirtieron que los cortes que actualmente se venden entre Q38 y Q40 por libra podrían subir hasta Q48 y Q50 en las próximas semanas. Sin embargo, el análisis del sector apunta a causas más profundas.

El informe del Índice de Precios al Consumidor (IPC) de enero de 2026, publicado por el Instituto Nacional de Estadística, confirma el impacto del encarecimiento: la carne fresca de res fue el producto con mayor incidencia positiva en la variación mensual, al aportar 0.0341 puntos porcentuales, pese a que la inflación general registró una caída de -0.18%.

En otras palabras, el incremento en la carne fue el principal factor que presionó al alza la canasta básica durante enero.

Aunque la Dirección de Atención y Asistencia al Consumidor (Diaco) no ha reportado denuncias formales relacionadas con este incremento, el comportamiento del mercado ya refleja ajustes en distintos puntos de venta.

El aumento en el precio de la carne de res en Guatemala no es un fenómeno aislado ni reciente. Detrás del encarecimiento hay una combinación de factores internacionales y estructurales que están presionando el mercado nacional, según explicaron representantes del sector ganadero.

Factor internacional: el efecto dominó desde Estados Unidos

Rodolfo García, presidente de la Federación de Ganaderos de Guatemala (Fegaguate), explica que para entender lo que ocurre en el país es necesario observar primero el contexto mundial. 

“La situación no es solo de Guatemala, es una coyuntura internacional que viene desde Estados Unidos y se mueve como un efecto dominó hacia México, Centroamérica y América del Sur”, afirma García.

La FAO reportó en octubre de 2025 que los precios internacionales de la carne de res alcanzaron niveles históricos, con un incremento cercano al 10% en ese año. García añade que, en Estados Unidos, los precios han subido entre 25% y 30%, impulsados por cinco años consecutivos de sequía que redujeron el inventario ganadero a mínimos históricos. 

Ante ese déficit, Estados Unidos ha incrementado sus importaciones desde América del Sur y México. México, a su vez, exporta ganado a mejores precios y sustituye esa oferta comprando animales en Centroamérica, incluyendo Guatemala.

García precisa que, en el caso específico de Guatemala, se estima que alrededor de 100 mil cabezas de ganado han salido hacia México en los últimos años. Sin embargo, señala que las cifras oficiales mexicanas reportan volúmenes mayores, ya que contabilizan el total de animales que ingresan a su territorio, incluyendo ganado proveniente de Nicaragua y Honduras que transita por Guatemala. Además, se debe mencionar que una parte significativa de ese movimiento ocurre por vías irregulares o contrabando, lo que dificulta una medición exacta y distorsiona el mercado regional. Este flujo constante hacia México, donde se pagan mejores precios, ha contribuido a encarecer el ganado en pie en Guatemala y en el resto de Centroamérica.

Producción nacional en retroceso

A este escenario internacional se suma un factor interno determinante: la producción nacional de carne de res ha venido disminuyendo, mientras que las importaciones han crecido de forma sostenida en la última década.

Según explicó Rodolfo García, presidente de la Federación de Ganaderos de Guatemala (Fegaguate), el país enfrenta un desbalance estructural entre oferta y demanda.

“Nosotros no somos capaces de abastecer completamente el mercado nacional”

Rodolfo García, Federación de Ganaderos de Guatemala (Fegaguate)

Además, el ciclo productivo del ganado —que puede tardar hasta casi cuatro años desde la preñez hasta la venta del animal— limita la capacidad de reacción ante aumentos de demanda, tanto interna como externa.

Como consecuencia, Guatemala depende cada vez más del mercado internacional. Actualmente, el país importa cerca de 75 millones de libras de carne al año, principalmente desde Estados Unidos, Nicaragua, Costa Rica y República Dominicana. Este incremento en las importaciones evidencia que el consumo interno supera la capacidad productiva local.

Para García, esta situación no solo impacta en los precios, sino también en la seguridad alimentaria y en el empleo rural, ya que la ganadería genera miles de puestos de trabajo directos e indirectos en el país.

Cambio en el uso de la tierra

Esta reducción en la producción está vinculada a varios elementos: la migración de tierras ganaderas hacia cultivos más rentables como la caña de azúcar, la palma africana y el banano, la venta o arrendamiento de fincas en departamentos clave como Petén, Alta Verapaz e Izabal, y la falta de modernización en una parte importante del sector, donde entre el 80% y 85% de la actividad opera en la informalidad, según datos del gremio.

Pablo Girón, ganadero aporta un dato histórico al sector, recordó que desde finales de los años ochenta la ganadería migró hacia Petén, Alta Verapaz e Izabal, debido a que en la Costa Sur comenzaron a predominar cultivos más rentables como la caña de azúcar, palma africana y banano.

Esa transformación redujo las áreas tradicionales de crianza y modificó la estructura productiva del país.

Un ciclo productivo largo

García explica que el ciclo ganadero es lento. Desde la preñez de una vaca hasta que el animal alcanza peso de venta pueden transcurrir hasta 44 meses. Esto limita la capacidad de aumentar rápidamente la oferta ante picos de demanda internacional.

En los últimos años, muchos productores han optado por sistemas de engorde más cortos, entre cinco y ocho meses, para acelerar el retorno de inversión. Sin embargo, eso no compensa la reducción estructural del inventario.

Oferta, demanda y poder adquisitivo

Para los vendedores, el aumento responde a una regla básica: oferta y demanda. Si compradores extranjeros pagan más por el ganado, los productores tienden a vender donde obtienen mejores precios.

No obstante, García advirte que el poder adquisitivo del consumidor guatemalteco no es comparable con el estadounidense, lo que hace que los incrementos impacten con mayor fuerza en los hogares.

Aunque Guatemala no es uno de los mayores consumidores de carne de res en la región, el aumento acumulado —de entre Q4 y Q5 por libra en los últimos meses— ya comienza a sentirse en el gasto familiar.

Retos y medidas hacia el 2030

Ante este panorama, el sector ganadero trabaja junto con el Ministerio de Agricultura, Ganadería y Alimentación (MAGA) en un plan estratégico con visión al 2030, cuyo objetivo es reactivar la producción nacional y reducir la dependencia de las importaciones.

Uno de los cambios más relevantes es la transición hacia un régimen tributario simplificado, que busca incentivar la formalización del sector. Según datos del gremio, entre el 80% y 85% de la actividad ganadera opera en la informalidad, lo que limita el acceso a financiamiento, programas de apoyo y herramientas técnicas. La ley de simplificación tributaria permitiría integrar a pequeños y medianos productores al sistema formal, con una carga impositiva más accesible y menos burocracia.

Además, el sector impulsa la transformación del productor tradicional hacia un modelo de “ganadería de precisión”, que incluye el uso de indicadores productivos, medición de rendimiento por hectárea y mejora genética. El objetivo es aumentar las libras producidas por área, reducir costos y acortar los ciclos de engorde sin sacrificar calidad.

“La reactivación no es solo un tema de precios, es un tema de seguridad alimentaria y empleo”, subrayó García. La ganadería genera alrededor de 60 mil empleos directos y más de 150 mil indirectos, por lo que fortalecer la cadena productiva es clave para el desarrollo rural.

El desafío hacia 2030 es claro: aumentar la producción nacional y formalizar el sector.

ESCRITO POR:

Glenda Burrión

Periodista de Prensa Libre especializada en economía con más de 7 años de experiencia como correctora de textos y creación de contenido digital.