Imagen es percepción

¿Se acerca una guerra? Perspectiva realista

Existe coordinación estratégica entre EE. UU., UK, Francia e Israel para definir una respuesta conjunta ante una posible escalada militar con Irán.

La tensión entre Estados Unidos e Irán ya no es un intercambio retórico. Es una coreografía peligrosa donde la diplomacia avanza milímetros mientras los buques avanzan millas. Esta semana coexistieron dos lenguajes, el de los negociadores que buscan un entendimiento indirecto con mediación de Omán y el de los almirantes que despliegan poder real en el golfo Pérsico.

La cantidad de armamento que se está movilizando hacia Oriente Medio es algo jamás antes visto; la guerra es inminente.

Washington insiste en frenar el enriquecimiento nuclear y ampliar cualquier acuerdo hacia misiles. Teherán responde que no negociará bajo presión y desconfía de Estados Unidos, rechaza concesiones que vulneren la soberanía iraní y advierte que su país responderá con firmeza ante cualquier agresión. Su postura está diseñada para resistir sanciones y proyectar fortaleza interna.

Mientras tanto, el Pentágono refuerza su presencia naval. El USS Abraham Lincoln y el USS Gerald R. Ford encabezan grupos de combate capaces de lanzar operaciones aéreas sostenidas, interceptar misiles y proteger rutas estratégicas. Un portaviones no es un símbolo, es una base flotante con capacidad de disuasión inmediata. Su sola presencia provoca en el área intimidación.

En este tablero aparece el punto más sensible del planeta energético; el estrecho de Ormuz. Por ese corredor de apenas unos kilómetros de ancho transita cerca de una quinta parte del petróleo mundial. Es la arteria que conecta a los grandes productores del Golfo con Asia, Europa y América. Si Ormuz se bloquea, el impacto no sería regional sino global. Energía, mercados financieros, inflación, transporte marítimo, todo sentiría la sacudida en cuestión de horas.

Irán conoce ese poder. Ha insinuado en múltiples ocasiones que, ante un ataque directo, podría interferir el tránsito marítimo. No necesita cerrarlo totalmente para provocar una crisis, basta con elevar el riesgo y disparar los seguros y los precios. Estados Unidos, por su parte, mantiene doctrina clara, garantizar la libre navegación es línea roja estratégica.

Israel observa con impaciencia. Considera que cualquier acuerdo que no desmantele capacidades críticas deja abierta la amenaza existencial. Rusia y China llaman a la contención, pero simultáneamente fortalecen vínculos con Teherán, conscientes de que cada tensión debilita la arquitectura occidental y reconfigura equilibrios.

¿Se acerca una gran guerra? Es muy probable, de lo contrario EE. UU. no hubiese desplegado esa magnitud de fuerzas militares a la región. Diplomacia activa, líneas rojas declaradas y actores regionales con agendas propias. Las guerras modernas no siempre comienzan con declaraciones formales. A veces nacen de un dron mal interpretado, de un misil que cruza unos kilómetros de más, de una advertencia que el otro lado decide ignorar.

Ormuz no es solo un estrecho. Es el recordatorio de que la geopolítica y la economía global están unidas por un canal angosto. Si ese umbral se rompe, el conflicto dejará de ser una disputa bilateral y se convertirá en un terremoto internacional.

El mundo mira al Golfo con nerviosismo contenido. Entre la negociación y la intimidación, entre la prudencia y el orgullo estratégico, se juega algo más que un acuerdo nuclear. Se juega la estabilidad de un sistema que depende, literalmente, de que un estrecho siga abierto y de que los líderes comprendan que la fuerza puede disuadir, pero rara vez construye paz duradera.

No hay una decisión formal de guerra en curso, pero sí preparación militar explícita por ambas partes, con maniobras navales, despliegues aéreos y ejercicios en conjunto con aliados. Los analistas señalan que justamente esa simultaneidad —negociaciones abiertas y escaladas militares visibles— aumenta el riesgo de un choque accidental o deliberado, que podría salirse de control.

ESCRITO POR:

Brenda Sanchinelli

MSc. en Relaciones Internacionales e Imagen Pública. Periodista, experta en Etiqueta. Dama de la Estrella de Italia. Foodie, apasionada por la buena mesa, compartiendo mis experiencias en las redes.