La buena noticia
¡No tengan miedo!
¿Por qué el evangelio y el seguimiento de Jesús suscitan tanta animadversión?
Cuando uno lee los evangelios, se sorprende de la claridad y la insistencia con las que Jesús anuncia a sus seguidores que sufrirán persecución, acoso y hasta la muerte por ser sus discípulos. Las bienaventuranzas aparecen muy al principio del Evangelio según San Mateo, y constituyen el exordio de su primera gran enseñanza a los discípulos que acaba de reunir. Pues bien, en la última de ellas, Jesús se dirige directamente a quienes lo están escuchando y les anuncia que sufrirán persecución, injurias y calumnias por ser sus seguidores. Sin embargo, eso debe considerarse una buenaventura. “Dichosos serán ustedes cuando los persigan por causa mía”.
La historia de la Iglesia cristiana está marcada por la trayectoria de hombres y mujeres mártires.
Cuando más adelante instruye a los que ha elegido para que continúen su misión, les anuncia que los envía como “ovejas entre lobos”. Los exhorta a no tener miedo a los que matan el cuerpo, pero no pueden matar el alma. Les asegura que, si dan testimonio de él ante los hombres, él, Jesucristo, dará testimonio a su favor ante su Padre, Dios, para que alcancen así la plenitud de vida más allá del tiempo de este mundo. En general, Jesús enseña a sus seguidores lo mal que les va a ir por ser sus discípulos. Les promete, eso sí, la felicidad y plenitud final, pero en Dios, en la otra vida. Muy raramente, les dice que también les irá bien ahora; como cuando Pedro le preguntó qué recibirían ellos que habían renunciado a tener casas, hermanos, padres, hijos, familia por seguirlo a él. Esos recibirán “el ciento por uno”, les dice; uno entiende que ahora, y luego la vida eterna.
¿Por qué el evangelio y el seguimiento de Jesús suscitan tanta animadversión? Para comenzar, Jesús mismo fue rechazado y condenado a muerte atroz y cruel. Pero eso no dispersó ni intimidó a sus seguidores inmediatos, quienes continuaron su misión y a su vez sufrieron diversos modos de persecución y la muerte violenta. La historia de la Iglesia cristiana está marcada por la trayectoria de hombres y mujeres mártires, que han sido víctima de diversas persecuciones. ¿Por qué lo que parece ser un mensaje de amor y de paz acaba convirtiéndose en causa de muerte para quienes lo anuncian?
En primer lugar, el evangelio “empodera” a su modo. El evangelio revela al hombre, a cada hombre y mujer creyentes, su dignidad, su libertad y su conciencia. El creyente se sabe responsable en última instancia ante Dios, no ante ninguna autoridad humana. La autoridad humana se respeta y obedece mientras se mantenga en ámbito de su competencia temporal. Pero frente a la autoridad humana con pretensiones absolutistas, que aspira a gobernar hasta el pensamiento y la religión de los hombres, el creyente afirma su fidelidad primero a Dios y está dispuesto a dar la vida por mantener esa fidelidad, con la certeza de que su muerte no será el final, sino el paso a una plenitud superior en Dios. Esta ha sido la causa principal de los martirios cristianos a lo largo de los siglos, pues donde el poder humano se cree absoluto y supremo debe destruir todo reto a esa pretensión.
En segundo lugar, con frecuencia también, el martirio de cristianos ha venido de parte de los seguidores de otras confesiones religiosas. La tragedia actual que sufren cristianos en muchos países africanos es de esta naturaleza. Cuando el cristiano se encuentra con poblaciones que practican una religión con pretensiones absolutistas, su muerte está asegurada. Ciertamente los cristianos, en ciertos lugares y tiempos, también han tenido esas pretensiones absolutistas y han sido ellos mismos causa de guerras entre seguidores de diversas versiones de cristianismo. El poder absoluto pertenece a Dios, pero es una perversión que el creyente en Dios pretenda ejercerlo en su nombre.