Cristianismo transcultural

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Las religiones, en cuanto realidad social, están estrechamente vinculadas a una cultura.  O al menos así ha sido con las religiones más antiguas.  El antiguo yahvismo del pueblo de Israel anterior al exilio en Babilonia y su sucesor, el judaísmo que se configuró a la vuelta del exilio en el siglo V a.C., eran religiones ligadas a un pueblo entendido en sentido étnico y nacional.  Todavía el judaísmo contemporáneo, en alguna de sus formas más conservadoras, mantiene ese acento nacionalista.

La alegría cristiana

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El cristianismo es una religión triste, dicen sus críticos.  Y a veces, algunos que se dicen cristianos viven su religión en una actitud de tristeza.  Esto pudo ser más frecuente antes que ahora.  Pero ni antes ni ahora la tristeza es constitutiva de la fe cristiana.  Más bien lo contrario es cierto.  Los hombres y mujeres verdaderamente santos transpiran alegría.  El evangelio es, literalmente, un buen anuncio que produce alegría en quien lo escucha y lo acoge.  El libro de los Hechos de los Apóstoles da testimonio constante de la alegría que dejaba el anuncio del evangelio en quienes lo recibían en los inicios de la expansión de la fe cristiana.

¡Viva Cristo Rey!

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Jesús rechazó durante su vida el título de rey.  Solo durante su entrada a Jerusalén para su pasión y como reo ante Pilato aceptó su identidad mesiánica.  Pero después de su resurrección, el culto cristiano propició el uso de aclamaciones en las que Jesucristo fue celebrado como Rey de reyes y Señor de señores.  Las expresiones declaran que hasta las más encumbradas instancias de poder están sujetas a la ley moral y al juicio de Dios.  Esa es una garantía para la libertad y dignidad de las personas frente al atropello de los poderes totalitarios.  El grito de ¡Viva Cristo Rey! ha sido la consigna de multitud de mártires frente al poder absoluto del Estado.  La aclamación a Cristo Rey ha sido consigna en defensa de la libertad de conciencia personal para profesar la fe y la moral cristiana frente a las pretensiones del poder político, cuando quiere gobernar hasta la conciencia y el pensamiento de los hombres.

Un cristiano practicante

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Cuando queremos identificar a una persona como particularmente religiosa, utilizamos el participio “practicante”. Si decimos que Juan es un católico practicante, entendemos que asiste regularmente a la iglesia. En la opinión más extendida, la práctica de la religión consiste en la asistencia a la iglesia y al culto. De hecho, cuando los sociólogos de la religión buscan un parámetro para medir la religiosidad de la población eligen como criterio objetivo la asistencia a la iglesia.

Fundamento de la ley moral

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En cierta ocasión, Jesús criticó a sus adversarios fariseos por exigir la observancia minuciosa de preceptos rituales mientras que recurrían a argumentos especiosos para dispensar del cumplimiento de preceptos morales.  Concretamente les decía que se preocupaban de cumplir hasta la minucia los ritos para suprimir esa descalificación o impureza personal que adquirían los judíos por ir al mercado (algo totalmente ajeno a nuestra cultura), mientras que fácilmente encontraban excusas para exonerar a una persona de la obligación de cuidar del propio padre anciano.  Los primeros son preceptos humanos, decía Jesús, aunque sean ritos derivados de la Biblia y quien los observa pretenda agradar a Dios.  El segundo es un precepto divino, que aunque está en la Biblia, tiene su fundamento en la realidad social humana, según la cual razonable que los hijos tengan la obligación de sostener o proveer por sus padres ancianos.  No es un precepto religioso, sino de ética natural.

Hermógenes López

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Hace hoy 40 años, el sacerdote Hermógenes López Coarchita fue asesinado en el camino que de San José Pinula lleva a la aldea San Luis. Era párroco allí. Regresaba de asistir a un enfermo que había solicitado sus servicios espirituales. Le faltaban dos meses y medio para ajustar los 50 años. Ejerció el ministerio sacerdotal casi 24. Su cuerpo aguarda la resurrección de los muertos en la iglesia parroquial. El aniversario de su muerte, como es costumbre en la piedad católica, se conmemora desde entonces con la celebración de la santa misa. Pero esta celebración, multitudinaria y festiva, sin dejar de ser oración por su alma, es memoria agradecida por el testimonio de un pastor bueno y anticipo jubiloso del día en que quedará inscrito en el libro de los santos de la Iglesia.

“Fue la voluntad de Dios”

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Las declaraciones de los supervivientes de la tragedia del Volcán de Fuego incluyen con mucha frecuencia alusiones religiosas.  “Fue la voluntad de Dios”, “gracias a Dios mi familia y yo pudimos salvarnos”, “no nos queda otra que encomendarnos a Dios”, “agradecemos a Dios por los rescatistas”, “con la ayuda de Dios comenzaremos de nuevo”.  La misma persona puede decir la primera y la última frase, en un mismo aliento, sin sentir contradicción.  Porque la primera no significa que Dios tuvo el malévolo propósito de causar muerte y destrucción ni la última significa que Dios enviará ángeles a construir casas, regenerar sembradíos y a cuidar huérfanos.  Esas expresiones manifiestan el hondo sentido religioso del guatemalteco, sobre todo del pobre, para quien las cosas que pasan solo tienen sentido desde un Dios benévolo y misericordioso que incluso en la tragedia y el dolor tiene un propósito salvífico, aunque no lo podamos entender.  Esa religiosidad tiene raíces bíblicas: “El Señor da la muerte y la vida, hunde en el abismo y saca de él”, se lee en el Primer libro de Samuel y en otros muchos lugares.

Universalismo cristiano

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La historia de la Iglesia cristiana comienza con la persona y la obra de Jesús de Nazaret.  Pero el libro de los Hechos de los Apóstoles destaca un acontecimiento singular, a partir del cual los seguidores de Jesús comenzaron a predicar y a reunir seguidores.  Consistió en una experiencia espiritual del grupo de discípulos, que se supo y se sintió inundado de una fuerza divina venida del cielo.  Ellos comprendieron que era la comunicación del Espíritu Santo, concedida por Jesús.  La experiencia los despojó del miedo y del temor, los dotó de valentía y ardor, de modo que desde ese mismo momento comenzó el anuncio del Evangelio y la formación de la Iglesia.

La conciencia

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Las principales versiones católicas del texto de la Primera carta de Juan, 3,21 traducen así: “Si nuestra conciencia no nos condena, podemos acercarnos a Dios con confianza”.  El Nuevo Testamento fue escrito en griego.  Me pregunté qué término griego habría sido traducido por “conciencia” en las diversas versiones que consulté.  Encontré que el término original es “kardía”, cuyo significado primero es “corazón”.  El apóstol Juan empleaba la palabra en sentido metafórico, para designar ese núcleo íntimo en el que debatimos si tomar o no una decisión, en el que nuestros pensamientos aprueban o censuran las acciones que realizamos.  Ese núcleo se llama “conciencia”, porque allí se realiza esa acción tan peculiarmente humana, por la que nos desdoblamos interiormente para conocernos, evaluarnos y juzgarnos a nosotros mismos.

Ser cristiano

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La pascua cristiana tuvo lugar el primer día de esta semana que concluye hoy.  Las manifestaciones más visibles de la celebración, desde las procesiones del Resucitado hasta las anécdotas del retorno, ya son cosa del pasado.  Sin embargo, en el calendario celebrativo de la Iglesia, la resurrección es tema vigente todavía durante las próximas seis semanas.  Es un acontecimiento tan extraordinario y decisivo para la comprensión de la existencia cristiana, que requiere cada año de un tiempo largo de reflexión y celebración.