Catalejo
Un mundial con numerosos fracasos, fallas y mentiras
Un mundial de fut como este no debe repetirse. Afectó al público, los jugadores y también a las empresas patrocinadoras.
España ganó ayer merecidamente en un emotivo partido el campeonato mundial de futbol 2026, con Argentina subcampeón, suceso satisfactorio por ser ambos países de habla hispana en el campeonato y subcampeonato, un suceso sin precedentes, seguidos por Inglaterra y Francia, otras dos potencias futbolísticas y también campeonas en otros mundiales. El juego Inglaterra 6-Francia 4 muy difícilmente se repetirá pronto, por su inicial 4-0 de los británicos. Sin embargo, el campeonato falló por el experimento de hacerlo en tres países con 48 participantes, con un Estados Unidos no futbolístico; Canadá, poco, y solo México con afición millonaria. Da horror pensar en la declaración oficial de realizarlo en seis países con 64 participantes de tres continentes, lejanos entre sí.
La organización deportiva fue pobre. El emperador Gianni Infantino sobresalió por sus numerosos errores, decisiones y acciones dudosas entre las cuales aceptó la orden de su jefe Donald Trump para borrar una tarjeta roja a favor de Estados Unidos, con la cual abiertamente metió a la política, pero también los errores y acciones dudosas, por no decir parcializadas en favor de unos equipos y en contra de otros. Es un personaje nefasto, todopoderoso. La meta real de la Fifa, por la idea de tener ingresos por 13 mil millones de dólares y de aumento exacerbado de precios, dejó fuera a las clases medias y populares. No se realizaron las grandes ganancias a los hoteles, empresas turísticas, aerolíneas, restaurantes. Las condiciones siempre son superleoninas.
Finalmente es justo admitir: los jugadores son ajenos. Lucharon, jugaron, sudaron.
La Fifa aumentó su desprestigio en el mundo extradeportivo. Las fuertes críticas de las asociaciones futbolísticas europeas al pedir cuentas son un problema no resuelto. Los constantes viajes de los futbolistas a ciudades lejanas entre sí prueban el poco interés por ellos, razón principal de la obtención de enormes sumas dinero para la mayor entidad privada mundial. Si guarda silencio, la entidad pero sobre todo Infantino será obligado a renunciar. Se encuentra ahora en la cuerda floja, aunque los ingresos hayan sido mucho mayores a los 7 mil millones de dólares en Catar. Además, falló el VAR, anulador de goles por un fuera de lugar de parte del dedo gordo del pie. Los numerosos goles en tiempo extra prueban cansancio por tantos partidos jugados.
Infantino en persona anunció su absurdo mayor: subir el número de países a 64. Los analistas deportivos ven al Mundial como muestra del ansia de más miles de millones de dólares. Están sin resolver las protestas de los súbitos cambios a las reglas del futbol, anunciadas poco antes del inicio. Fueron engañados los pequeños empresarios deseosos de ganancias normales, así como los hoteles y restaurantes, cuyas inversiones no fueron recuperadas, y las líneas aéreas no tuvieron los pasajeros ofrecidos. Un desastre. Si no se resuelve todo esto podría haber un cisma o una petición de renuncia o no ser candidato de nuevo. Es una situación muy seria pero de simple solución: abandonar el barco, como lo hizo el suizo Sepp Blatter, a causa del gran escándalo del “Fifa-Gate”.
El cisma sería causado por una “Nueva-FIFA” con otras reglas, sobre todo internas, cambios en la relación con políticos, anunciantes y gente ajena al futbol, siempre en la cuerda floja. Actualmente, demasiadas personas califican de corrupta a la actual Fifa, y muchas megaempresas mundiales no se relacionan con casos de este tipo. Finalmente es justo admitir: los jugadores son ajenos. Lucharon, jugaron, sudaron. En general, partidos limpios, con emoción y sorpresas, como ver a Messi fallar dos penaltis, uno la primera fecha y otro cuando Argentina estaba quedando afuera. Ascendieron los africanos y asiáticos, no europeos ni latinoamericanos, pero la puñalada Infantino–Trump hirió al futbol. Necesita recuperar la confianza de los aficionados del mundo.