Liberal sin neo

Esperando ser acomodados

En el largo plazo es un reto civilizacional.

Las imágenes de Ceuta tienen una fuerza y dramatismo difícil de ignorar. Decenas de miles de personas concentradas en la playa de una ciudad española de apenas 85 mil habitantes, arribando desde Marruecos en cuestión de horas. Entre 50 mil y 70 mil personas; equivale a que una población comparable a la de toda la ciudad aparezca súbitamente, esperando ser acomodada. No ocurrió simplemente porque cada individuo, de manera aislada, decidió salir a nadar o caminar en la playa. Hay mecanismos de coordinación, incentivos y expectativas en juego.

Equivale a que una población comparable a la de toda la ciudad aparezca súbitamente.

Decenas de miles llevaban poco más que la ropa puesta, pantalón corto y camiseta, quizás una mochila ligera, el teléfono y la expectativa que, ya en territorio español, el Estado les brindaría alimentación, transporte, alojamiento, atención médica y protección jurídica, en virtud de sus “derechos”. Videos de entrevistas con algunos recién arribados los mostraban quejándose de que no les habían dado nada y que la población de Ceuta se mostraba enfadada.

Había antecedentes e incentivos. La decisión de emigrar se relaciona con las condiciones del país de origen; también influyen las expectativas sobre el destino. Durante meses, el gobierno español ha estado debatiendo leyes de regularización migratoria de gran alcance. Poco antes del episodio de Ceuta, una decisión judicial modificó las reglas para quienes llegaran por vía marítima, estableciendo mayores garantías procesales antes de una devolución. La protección especial que reciben los menores no acompañados, elemento bien conocido, comunica la señal de enviarlos como ancla segura. Estos factores responden a principios jurídicos y humanitarios legítimos, pero también incentivan a quienes evalúan emprender el viaje.

Una frontera deja de serlo cuando el Estado pierde la capacidad efectiva de decidir quién entra y en qué condiciones. Si esa decisión pasa a depender principalmente de la capacidad física de miles de personas para alcanzar una playa, no hay política migratoria ni reglas que valgan, solo hechos consumados. La turba manda, la sociedad se somete y carga con los costos.

La discusión queda incompleta si se reduce a fronteras y seguridad. Europa, próspera, con una población envejecida, bajas tasas de natalidad y necesidad de trabajadores, enfrenta una transformación demográfica profunda. Llegan de África, con mucha pobreza y población joven que crece aceleradamente. La presión migratoria va más allá de una crisis específica; forma parte de una tendencia histórica de largo plazo. Hay países donde la integración ha funcionado razonablemente y otros donde los migrantes no se adaptan. Han aparecido barrios segregados, sistemas legales y educativos paralelos, tensiones religiosas, aumento de la criminalidad y conflictos sobre normas básicas de convivencia. En Suecia, Francia, Bélgica, Alemania e Italia, es un tema político y social caliente y conflictivo. Una sociedad liberal puede acomodar una enorme diversidad de costumbres y creencias, pero difícilmente puede sostenerse si una parte creciente de su población rechaza los principios jurídicos y culturales que la hicieron posible.

¿Puede una civilización sobrevivir si pierde la confianza y capacidad para preservar las instituciones, tradiciones y cultura que la constituyen? La respuesta tendrá efectos de amplio alcance para Europa y en el largo plazo es un reto civilizacional. Ceuta representa mucho más que una crisis fronteriza. Es señal de una tensión mayor que atraviesa Europa; cómo mantener una sociedad abierta sin renunciar al derecho de sus ciudadanos a decidir las reglas de pertenencia.

ESCRITO POR:

Fritz Thomas

Doctor en Economía y profesor universitario. Fue gerente de la Bolsa de Valores Nacional, de Maya Holdings, Ltd., y cofundador del Centro de Investigaciones Económicas Nacionales (CIEN).

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