Catalejo

I.A. y el conteo confiable de votos en una elección

La AI no es una panacea.

Conforme avanzan las investigaciones confiables a causa del conocimiento y actitud de quienes las realizan, la Inteligencia Artificial comienza a mostrarse como un instrumento de fácil manipulación, con el agregado de ser casi imposible encontrar manipulaciones. Uno de sus elementos dudosos es la instantaneidad de sus resultados oficiales, y por eso ha llegado el momento de establecer nuevas formas de conteo en las elecciones. Mientras mayor es la masa de votantes a causa de una población multimillonaria, el peligro de manipulaciones y de falsedades aumenta al punto de reducir la confianza popular no sólo en los comicios sino en la idea de Democracia como sistema válido de gobierno. La pregunta válida es: ¿Cómo estar seguro de un resultado cierto?

El resultado electoral necesita, para ser confiable, el conteo con participación de personas, no de máquinas.

La AI no es una panacea (del griego panaceika, “que lo cura todo”) y en términos actuales, no es “una solución mágica o ideal a un problema complejo que en realidad no tiene una respuesta simple” (Google, preparado por AI!!). Y en el caso de las elecciones de países con mayor o menor nivel de democracia, no debe ser utilizada, por una decisión mundial consensuada. Simplemente no es confiable y entonces se debe buscar una manera de recuperar la forma cómo se realizaba antes del surgimiento de este artilugio, un “ardid o maña, especialmente cuando forma parte de algún plan para alcanzar un fin” (Diccionario de la Lengua Española, 2014, página 215). La respuesta es simple: el conteo físico de los votos, utilizando la tecnología para enviar esos resultados a los Tribunales de Elecciones.

Para quienes consideran esta solución como un atraso científico, es necesario recordarles el caso del avión supersónico anglo-francés Concord. Debido a su estruendo enorme, sólo podía usar sus motores al máximo cuando estaba sobre el mar. El Congreso de Estados Unidos canceló en 1971 los fondos a Boeing para hacer su propia versión. Irónicamente, el Concord voló 30 años sin accidentes, pero el único ocurrió en París en el 2000 y lo hizo desaparecer del cielo. Hubo lógica. Los boletos costaban a valor actual 12 mil dólares, para ahorrar cinco horas de vuelo. Tiene relación con el tema de este artículo porque el hecho de tener un avance no significa obligación de usarlo. La AI debe ser regulada y además evitar el criterio de su utilidad en todo. No es así.

En el caso de Guatemala, las soluciones útiles y convenientes ya han sido puestas en práctica. Hay representantes partidistas en las mesas de votación, quienes firman los documentos físicos con el resultado y los envían al Tribunal electoral y a las sedes. Los datos se transmiten a las transmisiones de los noticieros de televisión y las radios. Ciertamente hay algunos casos de protestas por alguna diferencia mínima de votos, pero al ser transmitidos desde todos los departamentos al mismo tiempo, es posible tener resultados confiables a más tardar a la medianoche del día de la elección. La AI no existía cuando comenzó a utilizarse ese sistema, en el cual la participación de voluntarios en todo el proceso facilita lo más valioso: la confianza de los votantes en el resultado.

La multiplicación de mini “partidos” puede volverse un obstáculo, porque quienes representan a estos, caracterizados por su mínima posibilidad de llegar al 5% de los votos válidos, son quienes quedan en ridículo con sus ruidosas protestas. A este respecto, aunque ese es otro tema, son necesarios y fáciles de realizar los cambios en la ley electoral y convertir en Supremo al TSE, es decir, fuera del alcance de amparos improcedentes y mal intencionados. Es imposible asegurar la absoluta desaparición de acciones ilegales, pero la participación de conteos electrónicos es un riesgo con un mucho mayor porcentaje de posibilidades. A mi juicio, el mensaje más sólido para los ciudadanos es convencerse del riesgo provocado por una tecnología cada vez más avanzada.

ESCRITO POR:

Mario Antonio Sandoval

Periodista desde 1966. Presidente de Guatevisión. Catedrático de Ética y de Redacción Periodística en las universidades Landívar, San Carlos de Guatemala y Francisco Marroquín. Exdirector de la Academia Guatemalteca de la Lengua.