La buena noticia
La resurrección
Jesús se apareció a sus primeros seguidores irrumpiendo en esta dimensión inmanente desde otra dimensión trascendente.
Once municipios de Guatemala celebran hoy la fiesta patronal: nuestra Señora de la Asunción. La fiesta se refiere a la resurrección anticipada de la Virgen María a imitación y en conjunción con la de Jesucristo su Hijo, que es el distintivo de la fe cristiana. El mensaje de Jesús no es solo una enseñanza ética para una vida constructiva en el tiempo presente. Incluye también una comprensión de la realidad que abarca no solo la dimensión inmanente del mundo actual, sino su dimensión trascendente en la que espera participar. Puede ser de interés para los lectores conocer, así sea de modo somero, qué argumentos dan fundamento razonable a los cristianos para creer en la resurrección.
El mensaje de Jesús no es solo una enseñanza ética para una vida constructiva en el tiempo presente.
Cuando ellos hablan de la de Jesús expresan la convicción de que su vida no terminó con su muerte en la cruz, sino que, por tener él identidad divina, adquirió una nueva forma de existir para su humanidad. No solo su espíritu, sino también su cuerpo se transformó para poder existir en Dios y para Dios más allá de la muerte. Por eso el cuerpo nunca fue hallado. Pero esto no fue un acontecimiento exclusivo de Jesús, sino que él prometió que sus seguidores, que creyeran en él, que participaran desde ahora en Dios por los sacramentos y llevaran una vida recta, experimentarían también una resurrección como la suya. En la asunción de la Virgen María los católicos celebran realizada en la Madre de Jesús la resurrección que esperan para sí mismos al final del tiempo.
La verosimilitud de esta esperanza depende de que la resurrección de Jesús sea un acontecimiento real y no una ficción piadosa. Un mito normalmente se sitúa en un pasado lejano, sin fecha ni lugar, de modo que es imposible su verificación histórica. Los escritos cristianos más antiguos, las cartas de san Pablo y los evangelios, que contienen el testimonio del acontecimiento, fueron escritos unos diez años después los más antiguos y los más tardíos al cabo de unos cincuenta o sesenta años. Y dan a entender claramente que no se están inventando el cuento, sino que dan testimonio de un hecho pasado; la resurrección de Jesús es un acontecimiento con fecha y lugar. Su tumba, una oquedad en una roca, donde su cadáver había sido colocado tras la crucifixión, fue hallada abierta dos días después; el cadáver no estaba. La primera suposición de sus seguidores fue que se trataba de un robo. No hubo credulidad ingenua, sino explicación racional. Solo apariciones extraordinarias de Jesús llevaron a sus seguidores a la convicción de que estaba vivo, en un nuevo modo de existir. Jesús se apareció a sus primeros seguidores irrumpiendo en esta dimensión inmanente desde otra dimensión trascendente. Los adversarios de Jesús, que lo habían matado para acabar con su movimiento, debieron estar interesados en mostrar su cadáver para desmentir la noticia; no pudieron hacerlo, pues no había cuerpo que mostrar. Intentaron otro método: el acoso, la persecución y la muerte de los seguidores para obligarlos a negar el relato. Sin embargo, ellos estuvieron más dispuestos a dejarse matar que a negar la verdad de su testimonio. Se conserva en Turín una sábana que tiene impresa una imagen de un hombre crucificado. Sus peculiaridades extraordinarias e inexplicables, que merecen estudio e interés, inclinan a pensar que se trata de un vestigio de aquel acontecimiento. A estos argumentos históricos se añaden los personales: el anuncio del evangelio transforma la persona que lo acepta en una especie de resurrección espiritual que anticipa la corporal final. La esperanza en la resurrección da sentido a la vida mortal al proclamar que la muerte no es el final; por eso el evangelio perdura vigente hasta hoy.