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Monedas de Guatemala: cómo han cambiado desde el quetzal de plata a los pagos electrónicos
Las monedas de Guatemala han dejado de ser solo un medio de pago para convertirse en piezas que conservan la historia del país y adquieren valor entre coleccionistas.
El uso del efectivo disminuye en Guatemala mientras los pagos digitales ganan terreno en la vida diaria. (Foto Prensa Libre: Shutterstock)
Antes de que existiera el quetzal, en Guatemala el intercambio se resolvía con plumas del ave sagrada, sal, obsidiana, jade y, sobre todo, cacao.
La llegada de la Conquista obligó a adoptar el sistema monetario español y, durante más de tres siglos, el país dependió de piezas acuñadas en México, Bolivia y Perú, hasta que, ya como República, se creó el peso como moneda propia durante el gobierno de Rafael Carrera.
El cambio decisivo llegó en 1925. Con la Ley Monetaria y de Conversión se adoptó el patrón oro y nació una nueva unidad: el quetzal, equivalente entonces a un dólar estadounidense. Esa reforma dio origen también al primer Banco Central del país, que asumió en exclusiva la emisión de moneda, una función que hasta entonces habían compartido varios bancos privados, de acuerdo con el Banguat.
Aquellas primeras piezas de un quetzal, sin embargo, tuvieron un problema de diseño que terminó por sellar su destino: eran grandes y pesadas, y su valor en plata superaba el valor nominal de la moneda.
Según la reseña histórica del Banco de Guatemala, la gente prefería fundirlas y venderlas como metal antes que usarlas para pagar, así que el propio banco terminó recogiéndolas y derritiéndolas. Hoy sobreviven apenas unas tres mil unidades, y esa escasez las convirtió en la pieza más codiciada de la numismática guatemalteca, con un valor que ronda los tres mil dólares.
Los rostros y símbolos que aún circulan
Cada moneda guatemalteca guarda una historia propia. En la de un centavo aparece fray Bartolomé de las Casas, defensor de los pueblos indígenas durante la Conquista.
La de 25 centavos muestra el rostro de una mujer indígena, popularmente conocida como "Chonita": se trata de Concepción Ramírez Mendoza, elegida en 1964 mediante un concurso para representar a la mujer guatemalteca.
La moneda de cinco centavos representa el árbol de la Libertad; la de diez, un monolito de Quiriguá; la de cincuenta, la monja blanca, flor nacional. En la de un quetzal aparece una paloma estilizada junto a la leyenda "Paz firme y duradera", en referencia a los Acuerdos de Paz firmados el 29 de diciembre de 1996, un hecho que el Congreso decidió inscribir en la moneda de curso legal mediante un decreto de 1998.

De las manos al bolsillo y del bolsillo a la vitrina
Ese peso simbólico contrasta con lo que ocurre hoy en la calle. Cada vez menos guatemaltecos cargan monedas pequeñas: se acumulan en alcancías, frascos y compartimientos de carros, mientras el comercio recurre al redondeo de precios o a dulces como vuelto, una práctica extendida pese a que la ley obliga a aceptar la moneda de curso legal.
El Banco de Guatemala continúa acuñando estas denominaciones y descarta, por ahora, retirarlas de circulación. Pero especialistas citados por Prensa Libre, como la expresidenta del Banguat María Antonieta Del Cid de Bonilla, atribuyen esta caída en el uso a la pérdida de valor adquisitivo por la inflación, el redondeo generalizado de precios y el avance de los pagos electrónicos, un fenómeno que se aceleró a partir de la pandemia del 2020.
Para marzo del 2025, el 64.4% de los guatemaltecos adultos ya tenía acceso a cuentas bancarias, de acuerdo con datos de la Superintendencia de Bancos citados en ese reportaje.
El país ya vivió un proceso similar: en el 2008, la Junta Monetaria autorizó dejar de emitir la moneda de un centavo, que desapareció casi sin que nadie lo notara.
Mientras las monedas actuales pierden protagonismo en las transacciones diarias, ganan otro tipo de valor en el mercado del coleccionismo.
Piezas de plata anteriores a 1964 —cuando el Banguat cambió la composición del metal— se cotizan hoy entre Q75 y Q200, y emisiones conmemorativas como las del Bicentenario o el Centenario del Quetzal llegan a superar los mil quetzales, impulsadas por el precio de la plata y sus tirajes limitados.


